La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte 4)

[Continuación de la tercera parte]

En 1818 un austriaco llamado von Augustin, coronel del ejército austriaco, patentó un sistema que fue adoptado como reglamentario por dicho ejército. Utilizaba unos fulminantes dentro de unos pequeños cilindros de cobre o zinc, los cuales se introducían en el oído del cañón el cual había sido agrandado ligeramente a este fin, las mordazas del gatillo transformadas en martillo y del rastrillo se había eliminado el “fusil”, como se llama a la pala del rastrillo y del que posteriormente tomó el nombre el arma de infantería, conservando la parte inferior o “cobija” que sujetaba el fulminante y que al golpear sobre ella el martillo producía la explosión del fulminante. De este sistema Von Augustin y como armas reglamentarias de Austria el Museo tiene un fusil de Infantería Mod. 1848 y una tercerola y una pistola ambas del Mod. de 1852.

En 1816 un inglés residente en EEUU llamado Joshua Saw, pantentó el sistema que se reveló como más eficiente; consistía en unas copas cilíndricas de metal (cobre, zinc o latón) de unos cinco mm de diámetro y unos siete de longitud, en cuyo fondo se depositaba una cantidad de fulminato de mercurio sellada con una gota de goma laca para su fijación e impermeabilización. Dichos cilindros, llamados pistones, se fijaban a una pieza de acero cuyo interior estaba taladrado de parte a parte por un orificio de un mm aproximadamente. Esta pieza, llamada chimenea, se enroscaba por su parte interior a una protuberancia del cañón, llamada bombeta; una vez cargado el cañón con pólvora y munición o bala, se fijaba un pistón en la chimenea y al ser golpeado por el percutor estallaba el fulminato haciendo arder la carga y produciendo el disparo.

El Museo alberga una gran cantidad de armas cortas y largas con llave de percusión por lo que elegir una como su representación se hace difícil. Pero hay una que se destaca no por alguna peculiaridad del mecanismo, pero si por su cañón; ya se había dicho la bondad de los cañones fabricados por los arcabuceros de Madrid durante los siglos XVII, XVIII y primer tercio del XIX, los cuales se pagaron a precio de oro y que fueron falsificados en múltiples ocasiones.  El arma elegida presenta esa condición, por lo que indirectamente supone un homenaje a los Arcabuceros Madrileños; se trata de una carabina de caza centroeuropea, probablemente austriaca por su aspecto y contextura, que tiene un cañón ochavado piramidal con el brocal y la recámara dimensionados o abocinados, con siete estrías o ranuras y con las facetas o generatrices repicadas a cincel para evitar los brillos al incidir la luz en las superficies pulidas estando aún pavonadas, tiene una mira con alza de corrección micrométrica por tornillo en altura, la corrección en dirección se practica por el punto de mira bajo la regla mnemotécnica de los tiradores de precisión. Para la corrección en dirección por el alza se mueve ésta hacia adonde se quiere que vaya el tiro y por el punto moviendo éste hacia adonde va el tiro. El cañón tiene la siguiente leyenda nielada en oro “Diego Esquivel/ en Madrit/ ano de 1803”. Junto a las faltas de ortografía, Madrit y ano, Diego Esquivel, citado por Isidro Soler como arcabucero conspicuo aunque no fuera Real, murió el 26 de enero de 1732, así que como no estuviera imbuido por el espíritu del Cid que venció batallas después de muerto, según la leyenda, no es posible que Esquivel hiciera este cañón, pero en cualquier caso demuestra la importancia de los cañones de Madrid que fueron, como se ha dicho, falsificados por su bondad.

En la segunda mitad del Siglo XVIII aparecen una serie de medios técnicos, la máquina de vapor, la lanzadera mecánica, la hilandera de algodón, entre otros que provocaron la llamada Revolución Industrial. En esta fase de la historia, la tecnología da un paso de gigante y los medios de producción junta a la imaginación desbordante de muchos intelectuales, provocan una avalancha de ingenios que se traducen en avances en todos los órdenes, y como no podía ser menos, en el mundo de las armas. Lo que en unos 250 años se había mantenido con pocas variaciones, se precipitó en una catarata de distintos inventos casi atropellándose unos a otros.

En 1812 un suizo residente en París que se encontraba a la sazón trabajando en un proyecto tendente a lograr un dispositivo que permitiera dirigir a los globos con independencia del viento, patentó un modelo de culata y un cartucho que resolvía el problema, arduamente buscado desde siempre, de la carga por culata o retrocarga. Se llamaba Joanes Pauly; el sistema consistía en una culata móvil fijada por una bisagra, lo que permitía que girara sobre este eje, y que contenía una aguja percutora envuelta por un muelle espiral la cual se comprimía a voluntad y que la aguja era lanzada por el muelle con violencia cuando se apretaba la cola del disparador (en puridad armera así se llama a lo que vulgarmente se nombra como gatillo) para producir el disparo. Junto a esa culata diseñó y patentó un cartucho formado por un cilindro de cartulina que contenía la carga de pólvora, un taco de borra y la munición o la bala; el conjunto estaba sujeto en su parte posterior por un casquillo de latón que tenía un orificio en su base donde se ponía una píldora fulminante (formada por fulminato de mercurio amalgamado con goma laca). Cuando se producía el disparo merced a la presión de los gases de la pólvora el casquillo de latón se dilataba obturando totalmente la recámara e impidiendo el escape de gases por la culata.

La Sociedad de Fomento de la Industria Nacional hizo unas pruebas con este arma y concluyó que se podían hacer hasta doce disparos por minuto. Napoleón se interesó por el arma, pero como quiera que estuviera preparando la invasión de Rusia en su ánimo pesó la cuestión logística. Si para municionar a la ropa requería de X carros para armas que realizaban cuatro disparos por minuto a lo sumo, para armas que triplicaban la cadencia de juego tendrías que triplicar los carros y eso salía de sus posibilidades. Además Napoleón, que era un excelso estratega y táctico, consideraba que el arma del soldado tenía como misión principal defender psicológicamente a éste y ofender en el mismo sentido al enemigo. En el Museo y con el nº 33206 hay una magnífica escopeta de dos cañones sistema Pauly.

El sistema de Pauly se extendió ampliamente y un joven alemán, John Nickolaus von Dreyse, que había trabajado con Pauly entre 1809 y 1814 contribuyó de forma ostensible al desarrollo de las armas de retrocarga. De forma casual mientras examinaba un fulminante, descubrió lo que sería llamado el fusil de Aguja.

Needle_gun_cartridgeConsistía éste en un proyectil ovoidal que en su parte inferior, la más ancha, tenía fijado un salero (así se llamaba una pieza de madera con una concavidad semiesférica) en la que se fijaba un fulminante. En éste proyectil se introducía por la parte citada en un cartucho de papel nitrado que contenía la carga de pólvora; el arma tenía una aguja de unos 5mm, de la que sobresalía otra de unos 2 mm de grueso. La parte gruesa iba envuelta por un muelle espiral y conectada a un manubrio con pulsador al exterior del cañón; moviendo el pulsador de adelante hacia atrás la aguja retrocedía y comprimía el muelle al mismo tiempo quedando fijada al disparador por un diente; al apretar el disparador, la aguja era lanzada por la descompresión del muelle y atravesaba la carga de pólvora hasta incidir en el fulminante haciéndolo explosionar y prendiendo la carga produciendo el disparo.

De esta forma la carga ardía de adelante hacia atrás quemando toda la carga de pólvora, lo que no se producía tan completamente con las cargas tradicionales en las armas de precisión, en las que al arder la carga de atrás hacia delante ocasionaba que a veces, parte, mínima desde luego, fuera expulsada del cañón sin arder. El único inconveniente residía en que la aguja acababa torciéndose, partiéndose u oxidándose hasta quedar inútil.

Dreyse hizo aparecer este sistema entre 1827 y 1829 con una carabina de antecarga. Este modelo es difícil de encontrar pero el Museo tiene uno con el número de inventario de 33578. En 1837 lanzó un nuevo modelo con una culata móvil cilíndrica que contenía la aguja y el muelle en espiral, y que llevaba adosada un manubrio para su manejo, que por su semejanza con los usados en las puertas se le llamó cerrojo.

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[Continuará…]

 

La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte2)

[Continuación de la parte 1]

A mediados del Siglo XVI aparecen dos Llaves que utilizan para la ignición de la pólvora del cebo una piedra de sílex o pedernal sujetas entre las mordazas de una pieza móvil, que sería llamada “gatillo” por su peculiar movimiento y efectos. Son éstas las conocidas como Chenapan (del holandés Snaphaunce que viene a significar “gallina picoteando”) y la Llave Española o de Patilla, como siempre fue llamada en España.

Tradicionalmente se ha considerado a la de Chenapán como mas antigua, pero no hay hasta ahora documento fehaciente que así lo acredite. La de Patilla o Española fue coetánea de la anterior y bien pudo ser la más antigua.

Una escopeta italiana con Llave de Chenapán a la florentina y firmada por el eminente armero italiano Lazarino Cominazzo destaca en la colección del Museo; además tiene una peculiaridad que la hace reseñable amén de su cuidada construcción, y es que tiene la cureña (la extremidad posterior de lo que se conoce como culata) abatible mediante una bisagra y un pestillo que permiten plegarla para un más fácil transporte.

La Llave de Patilla o Española tenía un mecanismo similar a la anterior; se diferenciaba en que el rastrillo, en forma de L, hacía las veces de cobija, en la de Chenapán era otra pieza más, y que en el Muelle Real se situaba al exterior de la platina (chapa de acero en donde se alojaban las distintas piezas de su mecanismo) lo que tenía la ventaja de que al no estar limitado su espacio era de gran tamaño, y por ende, de suma fortaleza; la Chenapán lo tenía al interior de la pletina por lo que era más pequeño y débil, pues al tener que hacer un hueco en la caja para incrustar la Llave a la altura de la garganta de aquélla, éste no podía ser muy profundo so pena de romper la caja.

Como pieza destacable de la colección se ha elegido el fusil Reglamentario del Ejército Español Modelo 1724. El arma se reglamentó en tiempos de Felipe V y a través de la Ordenanza del Intendente D. Marcos de Aracil. Era la primera vez que se describía como debía ser el fusil para el Ejército. Hasta ese momento los Asentadores Reales (nombrados por el Rey) se encargaban de contactar con los distintos talleres de las Vascongadas para la fabricación de los arcabuces y mosquetes que se consideraban necesarios pero unificando los calibres, y para el resto del arma cada taller tenía su modelo propio.

El fusil de la colección se encontraba en la exposición de la Delegación del Museo en Toledo, de donde se trajo para unirlo a la colección de armas reglamentarias del Ejército Español. la conservación de este fusil no era buena, pues le faltaba el Rastrillo y el Muelle Real; se consiguió que un menestral metalúrgico, gran conocedor y restaurador de armas antiguas, D. Lisardo Losada Ancillo, rehiciera ambas piezas, las cuales previamente a cementar el Rastrillo y templar y revenir el Muelle Real, fueron troqueladas con una R (indicativo de reconstrucción, reproducción o réplica) haciendo constar esta circunstancia en la ficha de catalogación a la posteridad.

Uno de los pocos casos en que conocemos quién y cuando se descubrió un sistema, se produjo en la primera década del siglo XVII, cuando Marín Le Bourgeoys, armero de Lixieus, en la Normandía francesa, patentó una nueva llave de sílex, la cual era una mixtura de la de Chenapán y la Española o de Patilla. De aquella tomaba el conjunto de platina, nuez, fiador y muelle real al interior de la platina, y de la de Patilla, el rastrillo que hacía a la vez de Cobija. Intervino entonces la “Grandeur” y algunos franceses dijeron que ésta era la verdadera llave de sílex, como si las dos anteriores fueran un juguete de la señorita Pepis.

De la ingente cantidad de armas con llave de sílex a la francesa de la colección es menester destacar una por su condición de muestra del deseo permanente de lograr un sistema que, al menos, aumentara la cadencia de tiro a efectos militares. A finales del siglo XVIII y principios del XIX dos useños (useño, natural de U.S.A) llamados Joseph Belton en el siglo XVIII y mejorado en el XIX por Chambers, diseñaron y realizaron el fusil conocido como de Traca. Era un sistema ingenioso, pero como demostró su uso, con “más ruido que nueces”. Partiendo de un fusil militar, el sistema residía en lo siguiente: además de la llave correspondiente instalaba otra, del tamaño de una pistola militas. A unos 30 centímetros de ésta, se introducía una carga de pólvora reducida de la de guerra (unos seis gramos)una bala que tenía un taladro de unos dos milímetros que traspasaba la bala, el cual se rellenaba de polvorín aglomerado con goma laca para que no se saliera de él. Sobre los anteriores se introducía otra carga del mismo peso y otra bala como la anterior, y así sucesivamente hasta completar unas doce cargas. Joseph Belton informó en 1777 al Congreso de los EE.UU. que con pequeñas modificaciones se podría doblar el número de cargas. Chambers a inicios del XIX introdujo alguna mejora, como asegurar el gatillo en la posición de seguro mediante una biela que pivotaba sobre un eje fijado en la platina y con un gancho en su extremo posterior que se incrustaba en un orificio practicado en el corazón del gatillo, de forma que se aseguraba la imposibilidad de disparo mientras se cargaba el arma. Operación, como se comprende, premiosa. Una vez cargada el arma, un hábil juego de palancas hacía que se disparara la llave delantera y al arder la carga el fuego prendía el polvorín del taladro de la bala haciendo que la carga siguiente se incendiara produciendo un disparo nuevo, y así sucesivamente hasta agotar todas las cargas.

El sistema, si bien ingenioso, adolecía de varios inconvenientes, pues una vez que se disparaba el primer tiro, no había quién los interrumpiera, con la consiguiente tortura del tirador que tenía que sufrir los sucesivos y violentos culatazos. Amén de que solo conseguiría regar de balas la provincia, porque las posibilidades de precisión, de por si febles con un arma de ánima lisa, se multiplicaban únicamente un defecto en la carga. O alguna mecha inserta en las balas que no ardiera paraba la traca de disparos, lo que inutilizaba el arma momentáneamente. Ya Belton había dicho que una vez disparada la traca de cargas, el arma podía utilizarse de forma convencional, como un fusil monotiro.

Indudablemente el efecto psicológico se conseguía. Disparar tal número de balas ininterrupidamente debería producir cierto espanto, cuando en la época solo se lograban hacer hasta cuatro disparos por minuto como máximo. Por último, se hace necesario señalar que de este tipo de armas solo han llegado dos hasta nuestros días, al menos hasta el momento. Una se encuentra en el Arsenal de Woolwich en Inglaterra, el cual está hecho a partir de un fusil militar inglés Brown Bess, y otro en la colección del Museo, siglado con el número de inventario 2164, hecho a partir de un fusil reglamentario francés modelo Año XVIII, que incomprensiblemente no está expuesto en el Nuevo Museo de Toledo al tratarse de una pieza prácticamente única.

Belton también diseñó y realizó un cañón de traca. Se componía de un haz de cañones (unos cinco) intercomunicados, de forma que al dar fuego a uno, éste se comunicaba a los restantes, pudiendo lanzar alrededor de cuarenta proyectiles en unos breves segundos. Al día de hoy solo han llegado dos cañones con este sistema, uno se encuentra en Lieja en un Museo, y el otro, como prueba incontrovertible de su importancia, se encontraba en la Exposición de la Delegación del Museo del Ejército de Madrid en Toledo. Se componía de un haz de cinco cañones de unos 3,5 centímetros de calibre, sujetos en una horquilla sobre la que podían pivotar para su manejo y puntería.

[continuará]

 

La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte1)

sala de armasLa colección se compone de 1362 armas distintas que abarcan un periodo desde los primeros Truenos, Truenos de Mano, Cañones o Culebrinas de Mano, como fueron llamadas las primeras armas de fuego portátiles, hasta el último fusil Reglamentario del Ejército Español, el Model 1943, el Mauser con acción 1898, de retrocarga y repetición, del calibre 7,92 x 57 mm. La colección de los distintos modelos Reglamentarios del fusil de asalto español CETME se encuentran en lo que era la exposición y depósito del Museo en el Alcázar de Toledo.

Hacer una reseña de tal colección se escapa de la intención y capacidad de este artículo, por lo que se hará un breve resumen cronológico de los distintos descubrimientos armeros y se reseñará alguno de los especímenes de la colección como ejemplo de su importancia y universalidad.

El arma de fuego portátil más antigua que ha llegado a nuestros días, es la conocida como Cañón de Tannenberg, por haber sido encontrada en la ciudad de ese nombre, y que se ha datado de 1390.

Armas similares de este tipo han llegado en escaso número a nuestro tiempo, pese a ello el museo disfruta en su colección de cuatro ejemplares. El siglado con el número 1926 fue usado por los hombres de Cortés durante la Conquista de México, y parece que quedó de guarnición en el puesto establecido en Segura de la Frontera, a una jornada de marcha de Villarica de la Vera Cruz.

Un manuscrito alemán de 1473 y un icono de 1475, representando un combate durante la Guerra de los Cien años, son los documentos más antiguos que hay sobre la Llave de Mecha o Serpentín, la cual permitió plenamente el uso de estas armas por un sólo hombre.

Hay una buena cantidad de arcabuces y mosquetes con llave de mecha o serpentín en la colección, pero ninguno de ellos, armas de factura tosca y poco atractiva, tiene suficiente entidad para destacarlo, pero como colección es universal. Una prueba de ello son las armas de países que consideraremos exóticos o lejanos. Tres arcabuces chinos de tosca y rudísima construcción pertenecen a este tipo exótico; parece que fueron donados al Museo por un agregado militar español en Pekín tras su estancia a mediados del siglo XIX. También como exóticos figuran dos Bandukh Torador, como llaman en la India a unos arcabuces de mecha o serpentín que tienen como característica más señalada que el serpentín es directo, es decir, que se mueve en la dirección del proyectil, mientras que en la mayoría de los de Europa el serpentín se movía en dirección inversa. Por último, también tiene presencia Japón con cinco “tepös” como llaman en este país a los arcabuces con llave de mecha o serpentín;  estos tienen dos características destacables: sus llaves son como las del último modelo que se elaboró en Europa, que tenían el serpentín lanzado y directo; lanzado porque éste quedaba sujeto por una uña y cuando le apretaba el disparador y por efecto de un muelle de bronce era lanzado contra la cazoleta, lo que aseguraba la ignición del polvorín (como se llamaba a la fina pólvora que se ponía en la cazoleta del arma); la segunda era que la caja remataba en una cureña (la parte posterior de lo que se conoce vulgarmente como culata) de carrillera, la cual fue usada en el centro de Europa.

arcabuceroEl mosquete fue desarrollado por los españoles durante el desplazamiento de los Tercios Españoles a Flandes al mando del Duque de Alba, y según narra el Mariscal Londoño, se utilizó para parar los ataques de una suerte de caballería holandesa, que emboscada en las manchas de bosque de la llanura holandesa, atacaba al Tercio cuando se desplazaba en marcha de maniobras. El Duque pidió a Londoño que desarrollaran un arma que pudiera parar a esta caballería, puesto que los arcabuces, por su escaso calibre (unos 16 mm) no tenían poder de parada suficiente. Los mosquetes con un calibre de a 8 balas en libra (unos 22 mm  de calibre y con una bala esférica de plomo de unos 50 gr de peso) tenían velocidad y potencia para derribar a un caballo al galope hasta unos 100 m.

En la primera década del siglo XVI aparece un nuevo mecanismo o llave conocido como la Llave de Rueda. Aunque algunos alemanes se empecinan en atribuir el invento a Juan Keifuss de Nuremberg, lo cierto es que hasta día de hoy no hay documento fehaciente que lo acredite, sin embargo es incuestionable que en uno de los doce volúmenes del Codex Atlanticus, conservados en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, escritos en 1508 por Leonardo da Vinci, aparece el diseño inequívoco de una llave de rueda; una de  sus numerosas piezas de su estructura, y fundamental, es una cadena articulada, que todo el mundo está de acuerdo que también es un diseño de da Vinci, así que “blanco y en botella”. La llave funcionaba de forma similar a como lo hace un mechero convencional actual: una rueda dentada (en la llave de rueda la rueda tenía unas ranuras alrededor del borde) al rozar con fuerza sobre una piedra “ad hoc” provoca unas chispas que encienden el combustible del mechero.

pistolageneralriegoEl Museo tiene una buena colección de armas de Rueda, tanto en cortas como en largas; de estas la mayoría con cañón rayado para tiro a larga distancia y precisión. Una característica de éstas es la de que eran armas de difícil y costosa elaboración para los medios de la época, por lo que sólo personas con gran capacidad económica podían adquirirlas. De ahí que estén ricamente decoradas con incrustaciones de marfil, hueso, metales preciosos e incluso gemas preciosas. De esta colección destacan dos pistolas, conocidas como Puffer en Alemania. Una con caja de nogal totalmente taraceada con marfil, con la coz esférica y lobulada, que perteneció al General Riego, el cual se levantó contra Fernando VII en las Cabezas de San Juan, y que, tiempo después fue ajusticiado en Madrid tras ser ignominiosa y cruelmente arrastrado en un serón por las calles. La otra es una pistola con caja de hierro batido, con una caja de respetos en la empuñadura, con la coz en cola de pez, que tiene los punzones de Leonhard Danner que trabajó en Nuremberg entre 1507 y 1585 creando una saga de armeros de renombre universal. Este tipo de pistolas fueron las que usaban los Herreruelos españoles, una tropa de caballería, y los Reiter alemanes, también caballería

[continuará]

José Borja Pérez

 

Ya está disponible el primer libro de la Asociación donde se relata en detalle El Expolio del Museo del Ejército

 

Vamos a tener la suerte de contar con presentaciones del libro y mesas redondas próximamente:

Mesa Redonda: Presidencia, introducción, resumen sobre los fondos del museo y finalización, Juan Antonio Sánchez, General de Brigada DEM, ex-Director del Museo; resumen histórico, Gabriel Rodríguez, Coronel DEM; resumen jurídico, Pedro Rey, Coronel y Abogado; presentación del libro, José María Manrique, Coronel DEM.

Fecha: Miércoles 15 a las 18:30.

Lugar: en Hermandad de la Legión, C/ San Nicolás,11, puerta lateral.

Duración prevista: 50 minutos.  

 

anuncio libro 3El Museo del Ejército, heredero del Real Museo de Artillería, el tercero más antiguo de España y que combatió con sus cañones el 2 de Mayo de 1808,  existió en Madrid desde su creación en 1803 hasta el año 2005 en que fue materialmente deshecho con la excusa de su totalmente inconveniente traslado a un Alcázar de Toledo ocupado en parte importante por la Biblioteca de la Comunidad y necesitado de ingentes, costosas y difícilmente legales obras. Y decimos legales porque, sobre que la orden de traslado no apareció en ningún BOE, se hizo en contra del pronunciamiento de la Real Academia de la Historia y vulnerando la ley de Patrimonio, la carta de Toledo-Washington, y las opiniones de la UNESCO, ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), entre otras cosas,  por el daño que iba a suponer al edificio histórico del Alcázar.

Además, en Toledo se exponen solo la mitad de los fondos que podían admirar con anterioridad al traslado, por lo que, si recordamos que uno de los pretextos aducidos para el desalojo del Museo de su sede de Madrid era que en el Alcázar se iba a cuadruplicar su superficie expositiva, resulta que, una vez más, la mentira tiene las patas cortas. Al expolio del Museo de Madrid y su Sección Delegada en Toledo, se ha unido la del “Museo del Asedio”, borrando prácticamente la Gesta del Alcázar. Así se ha privado al pueblo español  del testimonio de lo que ha sido su verdadera Historia. Según el diario El País (de 19-VII-2010), el costo total de la operación ha sido 101’4 millones €, mayor que la ampliación del Reina Sofía (92 M€).

Esta es la cabal historia del Museo, o mejor, de los museos del Ejército, con sus grandezas y sus miserias.

La Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid interpuso dos recursos contencioso-administrativos y ha luchado, y lucha, por su reintegración, si quiera parcial, a Madrid. Por ello, como colofón de nuestro trabajo,  hacemos un llamamiento al Gobierno, a la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, para que en la centenaria y hoy abandonada sede del Museo, se agrupe una parte significativa de sus piezas para  que puedan ser conocidas especialmente por los españoles más jóvenes.

 

Detalles del libro:

Autor: Asociación Amigos del Museo del Ejército en Madrid.

80 Páginas a todo color. 150 ilustraciones. Precio  12’00 €.

Encuadernación: Rústica (50 ejemplares en cartoné). Dimensiones: 24×17 cm. Peso: 0’2 kg.

ISBN: 978-84-16200-12-2. Idioma: español.

Editorial Galland Books: C/ Estación, 41 – 47004 Valladolid· Tfn.: 983 116 527/ 983 290 774.

Contactar: http://www.aresenyalius.com/contactar.html · Tiendas con libros de Galland Books.

Asociación Amigos del Museo del E. en Madrid: C/Romero Robledo 12, 6º B.- 28008 MADRID.

Tfn.: 91 543 17 86. www.amigosmuseoejercitomadrid.com, amigosmuseoejercitomadrid@gmail.com.

Los Recuerdos de la luchas contra la Piratería en Filipinas, por Gabriel Rodríguez

escalera    En el Museo del Ejército, cuando lo era realmente, podían verse, en la escalera principal y en la sala de Ultramar, varias lantakas, curiosos cañones giratorios de bronce, de distintos calibres. Eran los recuerdos de la lucha contra la piratería malayo-mahometana, en Filipinas.        

    Los misioneros españoles tuvieron una gran aceptación en aquel archipiélago, que pronto fue un país cristiano. Pero en el gran conjunto formado por Mindanao, el archipiélago de Joló y las islas Samales, ya habían llegado los musulmanes y la sociedad se parecía a la de los países musulmanes de  África, con la idea clara de la guerra santa contra los cristianos. Estaban divididos en sultanatos, en los que dependían del sultán los dattos, una mezcla de señores feudales y jefes de zona o poblado, que con sus vasallos, ejercían la piratería desde hacía siglos. Eran fanáticos musulmanes, no sabemos si ortodoxos o de alguna secta; muy bien adiestrados para la lucha y la navegación, y muy duros, austeros y resistentes. Se les llamaba moros, como a todos los musulmanes.  Contaban con buena provisión de armas blancas, como los kris y los campilanes, disponían de fusiles modernos, y tenían un eficaz sistema defensivo, con las cottas, fortalezas, bien artilladas con lantakas y establecidas en puntos que dominaban los accesos a aquellas islas, defendidas además por la espesa vegetación tropical. Con embarcaciones ligeras, las vintas, pancos y barotos, muy ágiles y rápidas y armadas con lantakas, eran una amenaza en los mares próximos. Sus eficaces defensas hacían fracasar a las expediciones de castigo con fuerzas reducidas. Recordaba el Mediterráneo con los piratas berberiscos. Se relacionaban con Borneo e incluso con la China.          

    En el siglo XIX, se les combatió en la época de Fernando VII, pero ello decayó después. Cuando fue Ministro de Ultramar Álvarez Méndez, llamado Álvarez Mendizábal (el de la Desamortización), ordenó no combatir a los moros y hacer acuerdos comerciales con ellos; el sultán de Joló accedió al acuerdo, pero los dattos siguieron ejerciendo la piratería.

    Cuando llegó al poder el general Narváez, se decidió resolver el problema con energía. Se hicieron reconocimientos de las islas, que demostraron que el asentamiento más importante de  los piratas era la isla de Balanguingui, por su fortaleza natural, sus fuertes cottas y su elevado número de guerreros y embarcaciones. Los intentos de penetración en las islas con fuerzas reducidas eran fácilmente rechazados, por lo que el Capitán General Clavería ordenó al coronel Peñaranda que hiciera un reconocimiento de Balanguingui, con mayores medios, pero fue también rechazado. Entonces organizó una expedición con potentes medios navales y terrestres, que tras durísimos combates, en febrero de 1848, dominó la isla, destruyó sus fortificaciones y se llevó su armamento; así aquella fuerte  guarida de piratas quedó anulada para mucho tiempo. Fue la operación más importante contra la piratería.  

    El más extraordinario hecho de armas contra la piratería tuvo lugar el 17 de noviembre de 1861. Fue el asalto y toma de la cotta de Pagalugán, en Mindanao, el único caso conocido de que un barco embistiera con la proa a una fortificación terrestre. En marzo de ese año, el después famoso almirante Méndez Núñez ascendió a capitán de fragata y fue destinado al mando de la División de Fuerzas Sutiles del Sur de las Visayas, del que se hizo cargo en septiembre. Tenía a su cargo la vigilancia de la zona más expuesta a los ataques de los piratas. 

    En Mindanao, se había ocupado y guarnecido el puerto de Cottabato, que servía para la vigilancia de las costas de aquella isla, cuya capital, Zamboanga, era el único puerto con actividad notable. En Mindanao, fuera de Zamboanga y los pequeños puertos, la autoridad española se basaba sobre todo en los acuerdos con los sultanes de Buayán y Tumbao y los dattos, a quienes se respetaba su organización y se les exigía la adhesión al Rey de España y un tributo. A veces había sublevaciones y guerras locales, que   terminaban con expediciones que los obligaban a someterse y dejar de ejercer la piratería, a la que volvían después.

    En el citado año 1861, el datto Maghuda, que dominaba en el Río Grande de Mindanao, posiblemente como reacción contra la ocupación de Cottabato, que dificultaba  la piratería, se sublevó y se lanzó a las acciones piráticas, en las que se llegó a cañonear a barcos mercantes y a atacar a pueblos costeros de indígenas cristianos. Maghuda contaba con varios miles de hombres, dispuestos siempre a la guerra santa contra los cristianos,y con la enorme y fuerte cotta de Pagalugán, que dominaba dicho río. Esa cotta estaba artillada con cuatro cañones modernos y un gran número de lantakas. Dominaba el río, elevada sobre un estrecho recodo del mismo, en el que las embarcaciones derivaban por la corriente, quedando bajo el fuego de los cañones. La guarnecían unos quinientos hombres, más otros mil en su pantanoso exterior.    

    Para acabar con la situación de inseguridad e incluso de terror, en aquella región, el Capitán General decidió organizar una expedición, con medios suficientes para tomar aquel reducto de piratas y dominar el Río Grande. Era Jefe de Estado Mayor el coronel D. José Ferrater, que fue nombrado jefe de la expedición y de su fuerza terrestre, formada por seis compañías de Infantería, cuatro piezas de Artillería de Montaña y una sección de Zapadores. La fuerza naval, mandada por el capitán de fragata Méndez Núñez, se organizó con dos corbetas, la “Constancia”, buque insignia, y la “Valiente”; cuatro cañoneros y cuatro falúas, más tres veleros para el transporte de tropas. El día 16, los buques de esta fuerza naval se concentraron en aguas próximas a Cottabato y, a continuación, encabezados por la “Constancia”, zarparon hacia el Río Grande y lo remontaron hasta un recodo del mismo, entre el dominado por la cotta y su desembocadura. Al asomar la “Constancia”, hicieron fuego desde la cotta, pero sin alcance suficiente. Allí fondearon los buques y  desembarcaron dos compañías, para reconocer las defensas de la fortaleza, misión que no pudieron cumplir, por impedir su aproximación una extensa ciénaga. Entonces hizo el reconocimiento Méndez Núñez, con tres botes. A su regreso a la “Constancia”, se inició la  preparación del ataque planeado, con el desembarco de un agrupamiento formado por dos compañías de cazadores y una de granaderos y dos piezas de artillería, que ocuparon una posición frente a la cotta, para atacarla, con el apoyo de los fuegos de los barcos. Con un bien coordinado plan de fuegos terrestres y navales, se iba a realizar el asalto, franqueando los obstáculos y llevando escalas para salvar la muralla. Pero tan bien preparado plan fracasó, por ser imposible tanto batir la cotta sin alcanzara los asaltantes, como mantener los cañoneros su fuego con eficacia, por la inestabilidad que les causaba la fuerte corriente del río en el recodo. Ante esta situación, el coronel Ferrater, el capitán de fragata Méndez Núñez y el teniente de navío Malcampo, comandante de la “Constancia”, estudiaron reunidos la conveniencia de retirarse y volver a atacar la cotta con más fuerzas. Pero Méndez Núñez expuso la temeraria idea de embestir a toda máquina con la “Constancia” contra el muro del fuerte y asaltarlo simultáneamente desde tierra y desde la corbeta. El coronel aprobó esa novedosa acción y decidió un nuevo asalto. Entonces Méndez Núñez ordenó disponer a los infantes y marineros para el asalto, mandados por el entonces alférez de navío D. Pascual Cervera. A una señal, a las ocho y cuarto de dicho día, la “Constancia” abordó la fortaleza, que fue asaltada simultáneamente por  la tropa y marinería dispuesta en la corbeta y por la fuerza desplegada en tierra. En el combate murieron unos doscientos de los ocupantes de la cotta, entre ellos el datto Maghuda, y los demás huyeron. Las bajas propias fueron dieciocho muertos y noventa y ocho heridos. La fortaleza fue volada, después de recoger lo que tenía interés. Así quedó anulada la terrible cotta de Pagalugán. Se recogieron las banderas, enviadas al Museo Naval, y muchas armas, entre ellas varias lantakas y armas blancas, que fueron enviadas al entonces Museo de Artillería. Son las lantakas que tenía el Museo del Ejército y parte de las armas blancas de su Sala de Ultramar.                            

                                                                                                       

                                                                                                            Gabriel Rodríguez

Reflexiones sobre el Museo del Ejército

salon de reinosEl día 24 de julio de 1996 el recientemente nombrado Presidente de Gobierno D. José María Aznar, acompañado de los miembros del Patronato del Museo del Prado, del JEME y de los hispanistas ingleses Brown y Elliot, decide, aconsejado por estos últimos, la restauración del Salón de Reinos y el traslado al Alcázar de Toledo del Museo del Ejército, después de casi 200 años, en aquel momento de residencia en el Palacio del Buen Retiro.

Esta decisión, a todas luces precipitada, no va seguida de informes rigurosos sobre la conveniencia del traslado, no se hace estudio económico serio del coste de la operación, no se tiene en cuenta el daño que se hace al patrimonio cultural de Madrid, a la historia acumulada durante casi 200 años y al pueblo de Madrid, al que se priva de una joya museística única en opinión del insigne arquitetecto D. Fernando Chueca Goitia.

Lamento no coincidir con las manifestaciones del General Álvarez Carballa en la entrevista concedida a este medio sobre el coste y la duración de una rehabilitación del Palacio del Buen Retiro pues, como se ha demostrado, con el paso de los años el coste del traslado y la construcción del nuevo edificio en Toledo ha superado con creces los de la posible intervención a que se refiere el General Álvarez Carballa.

Es cierto que el Ejército no disponía de fondos para llevar a cabo esta empresa. Pero en aquel momento se había firmado un acuerdo entre los ministerios de Defensa y Cultura por el que este último ponía a disposición de Defensa 4.500 millones de las antiguas pesetas sobrantes de la negociación sobre la colección Thyssen. Este dinero hubiera sido más que suficiente para renovar el Palacio del Buen Retiro.

El coste de la operación “Toledana” ha supuesto 6 ó 7 veces la cantidad citada anteriormente y los gastos de personal y mantenimiento amenazan con ahogar el futuro del nuevo Museo.

Estoy de acuerdo con el general Álvarez Carballa que el Museo de Madrid necesitaba una “poda” de parte de sus fondos, un nuevo plan museográfico y la incorporación de nuevas tecnologías audiovisuales y de otro tipo a la exposición permanente.

Por otro lado, si como se apuntó entonces se pretendía evitar que el Alcázar pasara a manos civiles, había una solución para evitarlo que consistía en mantener en Madrid el Museo con sus colecciones y crear en Toledo un Museo de España siglo XX que comprendiera todos los hechos histórico-militares desde 1898  pasando por la Guerra de África, Guerra Civil, División Azul, Ifni-Sahara y misiones de paz, con un coste mínimo y sin alterar la estructura del Alcázar y su entorno.

En aquellos momentos, 1997-98, el entonces Alcalde de Madrid, Sr. Álvarez del Manzano, ofreció como edificios alternativos en la capital para albergar el Museo la parte del Cuartel del Conde-Duque, aún sin restaurar, o el edificio del Matadero, ambos convertidos hoy en Polos Culturales de primer orden, y una vez más con un coste de acondicionamiento muy inferior al de la solución adoptada.

El traslado se lleva a cabo sin que exista una disposición legar escrita que la apoye, vulnerando la ley de Patrimonio, la carta de Toledo-Washington, las opiniones de la UNESCO, ICOMOS y la Real Academia de la Historia ya que, de acuerdo con las disposiciones de estos organismos, no se puede alterar el entorno ni las estructura de los bienes de interés cultural. De todo ello se hizo caso omiso.

El Museo del Ejército de Madrid contaba con unas extraordinarias colecciones (armas blancas, armas de fuego, banderas, miniaturas, artillería medieval, obras de arte, etc) únicas en el mundo y reconocidas así por los prestigiosos museólogos como los directores de los Museos Militares de París y Londres. Estas colecciones, forjadas a lo largo de 200 años, en la actualidad han visto cómo los fondos que la componían se dispersaban en museos regionales y organismos oficiales de todo tipo o permanecen durmiendo el sueño de los justos en los famosos “almacenes visitables”, causando un daño irreparable, haciendo que su recuperación sea imposible.

La construcción del edificio toledano se hace excavando la fachada N. del Alcázar, excavación que se inicia con bull-dozers sin tener en cuenta los restos arqueológicos que allí pudieran existir, ya que la colina del Alcázar había conocido a lo largo dela Historia asentamientos romanos, visigóticos, árabes y cristianos. Cuando aparecen los primeros restos se inicia una excavación más cuidadosa y científica que la realizada hasta entonces y dirigida por el Director del Museo Arqueológico. Debido a estos descubrimientos y ante la necesidad de conservarlos dada su importancia, hay que modificar el proyecto arquitectónico inicial, lo que supone un coste añadido a lo gastado hasta entonces.

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El resultado de todas estas operaciones ha dado lugar a un edificio frío y desangelado, de hormigón y ladrillo, que desentona con el entorno de forma escandalosa. Este nuevo Museo expone en su colección permanente no más de 5000 fondos, frente a los 25000 que se exponían en Madrid. Sus escaleras mecánicas y sus interminables pasillos no producen emoción alguna en el visitante, ni desde luego exaltan los valores éticos morales y patrióticos que un museo de este tipo debería despertar, como así era el caso del Museo de Madrid según figura en las múltiples opiniones vertidas en los libros de visitas que existen al efecto.

Prácticamente no quedan rastros de la que fue al epopeya del Alcázar, una hazaña única en la historia del siglo XX que despertó la admiración y el respeto del mundo entero. Las referencias a la Guerra Civil son mínimas y las cartelas explicativas que las acompañan a menudo tergiversan y manipulan la Historia.

Por último, quiero desmontar un argumento que se ha empleado con insistencia para justificar el traslado. Se dice que el Museo de Madrid tenía 30.000 visitantes al año y que el de Toledo tendría 300.000. La primera de las cifras es parcialmente incierta ya que , durante la década de los 90, la media de visitantes estaba en torno a los 60.000, cantidad superior a la media de visitas de los Museos Nacionales con la excepción del Prado, Reina Sofía y Thyssen, y es a partir de 1999 cuando empiezan a cerrar salas, se rompe la relación con colegios y asociaciones varias y se suprimen exposiciones y actos culturales. Es a partir de ese momento cuando el número de visitantes disminuye notablemente.

Los 300.000 famosos eran los visitantes que tenia el Alcázar en los años 90 los cuales, como final del periplo artístico por la ciudad de Toledo, deseaban visitar el despacho del Coronel Moscardó (hoy casi oculto), el Museo del Asedio, los sótanos del edificio donde se encontraban la enfermería, la capilla y las otras instalaciones para proteger a las personas asediadas. En aquel entonces había una sección Delegada del Museo de Madrid en Toledo que ocupaba parte de la planta baja y de la primera del Alcázar con unas 15 salas entre las que destacaba la de África del siglo XX. Pues bien, estas salas eran visitadas por una parte mínima de los 300.000 visitantes. Aunque esa cifra fuera cierta, de ninguna manera un criterio puramente numérico puede utilizarse como argumento para destruir 200 años de Historia en un museo único e irrepetible.

Estoy de acuerdo con el General Álvarez Carballa cuando, de forma valiente y gallarda, expone su opinión al final de la entrevista sobre el resultado último del plan museológico (carencia de emoción del museo y no destacar los valores propios del Alcázar), postura que le honra y muy propia de su condición de militar, consciente de la responsabilidad que ello entraña. Por el contrario, no soy muy optimista sobre posibles cambios en el futuro que de alguna manera recuperaran los valores perdidos.

Vivimos en tiempos difíciles en lo económico, en lo moral, en lo social, en la educación y en lo patriótico, pero la Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid, a la cual me honro en pertenecer, tiene la esperanza de que, en un día no muy lejano, Madrid podrá recuperar un Museo de Historia Militar que llene el vacío que la desaparición del Museo del ejército de Madrid ha dejado en el corazón de un gran número de españoles, especialmente los madrileños.

 

D. Juan A. Sánchez García

G. B. de Infantería (R) DEM

Ex-Director del Museo del Ejército

Publicado en la revista MILITARES, nº 97, Diciembre de 2012 

MANIFIESTO

Alcázar actual

PROEMIO

El 18 de junio de 2010 fue inaugurado, en el Alcázar de Toledo, el Nuevo Museo del Ejército. Los fondos museísticos que lo integran proceden en su práctica totalidad de la exposición permanente, almacenes y depósitos del Museo del Ejército de Madrid, que, para ejecutar las operaciones previas al traslado, había cerrado sus puertas al público cinco años antes (30 de junio 2005). En ese mismo momento, se ponía fin a más de dos siglos y medio de permanencia ininterrumpida en la capital de España, de uno de los mejores museos militares  del mundo.

CONSIDERACIONES

La totalidad de las naciones del mundo, (salvo una o dos excepciones), cuentan, en su respectiva capital, con el mejor de sus museos militares.  Se explica el hecho porque estos museos, por su contenido, trascienden el aspecto museístico, pasando a ser santuarios custodios de la Historia patria, de sus gestas, del heroísmo, abnegación y sacrificio de sus hombres, en suma constituyen el alma viva de cada pueblo, y reclaman para sede principal la capital de la Nación, junto a su respectiva Jefatura del Estado así como a la de las más altas magistraturas.

En particular, por lo que se refiere a España, cuya riqueza histórica —sin parangón entre las demás naciones—, está construida, y cimentada en buena parte, a lo largo de los siglos, por sus incontables y gloriosos hechos de Armas, hace imprescindible esta presencia del museo en la capital de la Nación. (La unidad de archivo atrae hacia sí  este Museo, junto a la Real Armería, los Museos Naval y del Aire, el Servicio Histórico, el Servicio Geográfico, las Escuelas de Guerra, los Cuarteles Generales, la Cúpula Militar, todo ello en la capital de la Nación)

Así ha sido siempre, así lo entendió unánimemente la sociedad civil española, y así lo manifestó durante estos últimos años desde la primera noticia de traslado del Museo, tratando de evitarlo, aunque sin conseguirlo. Y en esa misma línea y con igual resultado, se ha desarrollado la actividad de nuestra Asociación durante más de trece años.

LLAMAMIENTO A LA SOCIEDAD CIVIL

Este resultado adverso, materializado en la instalación del Nuevo Museo en Toledo, no desvirtúa ni hace decaer el hecho de que la capital de la Nación siga siendo el lugar idóneo para sede de su mejor museo militar. Además, en nuestro caso, concurren una serie de circunstancias que pasamos a analizar y que justifican  que nuestra Asociación se dirija a la sociedad civil española convocándola para que, de nuevo, se manifieste y, actuando a través de todos sus sectores y medios, apoye esta idea,  propiciando así que el Gobierno, consecuente con este clamor ciudadano, disponga la creación  en la capital de España de un Museo Histórico Militar del Ejército de Tierra, de titularidad estatal y categoría nacional.

Las circunstancias a que nos hemos referido y que, en principio, facilitarían los primeros pasos de nuestro proyecto, son:

a) El número de fondos que el Museo del Ejército tiene a su cargo está “en torno a 37.000 piezas”, de las que en su actual exposición permanente se exhiben solamente 4.629. El resto de los fondos (más de 30.000), están repartidos en almacenes (algunos de ellos “susceptibles de ser visitados”, previa solicitud y autorización), y el resto en “depósitos en otros museos, unidades del Ejército y en instituciones civiles”. Este elevado fondo museístico, —aun reduciéndolo tras una cuidada selección—, ofrece un número inicial suficiente para atender cumplidamente nuestro objetivo.

b) En cuanto a aspectos tales como Organización, Titularidad,  Dirección, etc. estarían resueltos de antemano con sólo considerar el futuro Museo, como un segundo cuerpo del existente en el Alcázar de Toledo. Esta figura no resultaría nueva ni extraña, puesto que, desde el año 1979, el Museo del Ejército de Madrid contaba con una Sección Delegada en el Alcázar de Toledo, que exhibió, durante cerca de treinta años,  más de 5.000 fondos.

c) Sobre la financiación, pueden seguirse,  las mismas pautas establecidas en el Acuerdo de 24 de julio de 1997 entre los Ministerios de Defensa y Cultura, para el traslado del Museo de Madrid a Toledo, por la similitud de ambas operaciones.

DISPONIBILIDAD DE NUESTRA ASOCIACIÓN

Nuestra Asociación ofrece a quienes deseen participar en este nuevo e ilusionante empeño, los medios de que modestamente dispone, habida cuenta de su condición de Asociación civil, sin ánimo de lucro, en especial su organización, la página web y el correo electrónico, así como las interesantes reuniones-tertulia de los miércoles de todas las semanas.

Madrid  enero de 2013.

ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL MUSEO DEL EJÉRCITO DE MADRID.

Registrada en la Comunidad de Madrid en 1999 con el número 19.617

Romero Robledo 12, 6º B.- 28008 MADRID.

Tfno 91 543 17 86

http://amigosmuseoejercitomadrid.com

Seguimos en la brecha por la defensa del Museo del Ejército de Madrid (parte 2)

[Continuación de la parte 1]

El cinco de abril de 2010 se nos emplazó, por diez días, para  presentar escrito de alegaciones, trámite que fue evacuado en tiempo y forma, el día 21 de abril. Remitiéndose el expediente,  para el mismo trámite, al Abogado del Estado, mediante 26 de abril del que se nos dio traslado del día 25 de mayo.

Durante el plazo concedido a la parte demandada, (extraña la dilación en tiempo de los hechos que, a continuación, se relatan), el día 19 de mayo de 2010 se publica el Real Decreto 636/2010 de 14 de mayo, en el que, en su párrafo cuarto dice: Finalmente, por acuerdo del Consejo de Ministros en su reunión  de 26 de julio de 1996. se dispuso  que el Palacio del Buen Retiro y su Salón de Reinos se destinasen a la ampliación  del Museo del Prado, y que el Museo del Ejército  se trasladase al Alcázar de Toledo….  

El Real decreto y la frase antes transcrita, fueron el fundamento de las conclusiones de Abogado del Estado, por lo que, teniendo constancia oficial de la inexistencia de acuerdo alguno, del Consejo de Ministros, sobre el traslado, unido a la certeza de que el día 26 de julio de 1996 no hubo tal Reunión del Consejo. Tras pedir una explicación al Ministerio de la Presidencia, que no tuvo respuesta, la Asociación interpuso querella por falsedad en documento público, contra la Sra. Vicepresidenta del Gobierno, que, con fundamento en el valor normativo del Real Decreto, fue inadmitida.

En el BOE del día 23 de octubre, se publica corrección de errores, en el que se modifica el Párrafo trascrito, para, de forma imprecisa, dejarlo como sigue: Finalmente se dispuso, lo cual nos dio la razón en cuanto a la inexistencia de la Decisión del Consejo de Ministros, pero convierte la falsedad, en que incurría el Real Decreto, en un simple error, que, sin embargo, deja sin fundamento legal el traslado. Hay coincidencia cronológica entre la corrección de errores y la inadmisión de la querella.

Al quedar el RD (en lo que al traslado se refiere) sin fundamento legal, interpusimos Recurso Contencioso-Administrativo, ante El Tribunal Supremo, pidiendo su nulidad en todo lo que se refería a la legitimación del cambio de Sede del Museo, que, como ya se dijo, era el fundamento de las conclusiones del Abogado del Estado, ante nuestra demanda en la Audiencia Nacional. Al tiempo de interponer  la demanda ante el Supremo, se solicitó, a la Audiencia Nacional, la suspensión del trámite de dictar sentencia, en tanto no se hubiese pronunciado el Alto Tribunal.

El estado actual de los recursos es el siguiente:

Audiencia Nacional. Pendiente de fijar fecha para votación y fallo.

Tribunal Supremo: Fijada fecha, para el mes de septiembre, para votación y fallo.

Aclaración de fechas: El art. 64.2 de la Ley Ritual determina que, el plazo para formular alegaciones será de diez días sucesivos para los demandantes y demandados,  nuestro escrito de conclusiones tiene entrada en la Sala el día 21 de abril, el Real Decreto se publica el 19 de mayo. Se nos comunica, el 25 de mayo, escrito de 26 de abril, que da trámite a las conclusiones del Abogado del Estado, que, emitidas el día 11 de junio, lo recogen como fundamento de su contenido.

Concentramos, actualmente, nuestra actividad  en la obtención de datos sobre el traslado, sus costes y consecuencias, daños sufridos por los fondos y costos de mantenimiento del Nuevo Museo.

AAMEM

Seguimos en la brecha por la defensa del Museo del Ejército de Madrid (parte 1)

Dadas las circunstancias que rodean el traslado del Museo al Alcázar de Toledo, y dado el tiempo transcurrido desde su inauguración, se hace necesario poner en conocimiento de nuestros socios, colaboradores y amigos, cual es la actitud y actividad que, contra el desatino que consideramos el traslado, venimos manteniendo.

Empezaremos por hacer un pequeño resumen de las actuaciones, para llegar al estado actual de los Recursos emprendidos, que son dos como ya se dirá, y que, una vez explicada la petición que contienen y los motivos que las fundamentan, pasaremos a  dar conocimiento de la situación en que se encuentran.

Como saben, iniciamos nuestra lucha, en vía administrativa desde que tuvimos conocimiento de la intención de trasladar nuestro Museo,  por si la Sede era necesaria al Museo del Prado, para una posible ampliación del mismo, lo que es el origen de todo el Traslado, que ha durado quince años, con la esperanza puesta en que, con el cambio de Gobierno por el del Partido Popular, quedase sin efecto la idea del traslado.

Al hacerse cargo del gobierno el Presidente D. José María Aznar, nuestras esperanzas se vieron frustradas, al decidir el Sr. Presidente, de una forma bastante extraña y con omisión de los trámites de consulta de los Órganos al efecto, decidió el traslado al Alcázar de Toledo.

Tras los trámites correspondientes, el recurso en vía Administrativa, fue desestimado por resolución de 10 de enero de 2007, por lo que  se procedió a presentar Recurso Contencioso-Administrativo, ante la Sala correspondiente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que lo admitió a trámite. La demanda se formalizo el día nueve de diciembre de 2008.

Tras practicarse la prueba que, propuesta por esta parte, fue admitida, el Tribunal Superior de Justicia se inhibió en favor de la Audiencia Nacional, cuya Sala de lo Contencioso-Administrativo se hizo cargo del expediente.

[Continuará en el siguiente post]

AAMEM

Los problemas del museo instalado en el Alcázar

En la prensa de Toledo y en relación con el Museo instalado en el Alcázar, han aparecido unos comentarios, que es necesario matizar o corregir, en honor a la verdad, por las inexactitudes que contienen.

Dichos comentarios se refieren a los recortes en Defensa y a su incidencia en el Museo ¿del Ejército? Lo justo sería decir “el Museo instalado en el Alcázar”, pues el Museo del Ejército está ahora deshecho, con la mayor parte de sus fondos repartidos en cesiones temporales a diversos organismos, o encerrados en almacenes visitables (¿por quién? Parece ser que sólo por quien investigue algo a lo que afecten directamente). Y del Museo del Alcázar tampoco pueden verse más que piezas aisladas. (¿Dónde está el resto?). Se han deshecho el Museo del Ejército y el del Alcázar, sustituidos por una simple exposición de una pequeña parte de sus piezas, que no podemos calificar de verdadero museo militar. Y en ello se han gastado enormes cantidades de dinero, que tenemos que pensar que algo han contribuido a la grave crisis que padecemos. Y hay que añadir su costoso mantenimiento, que exige necesariamente recortes en el mismo.

Un diario que siempre nos ha merecido gran confianza por su seriedad informativa y nivel de sus artículos, nos ha sorprendido con su editorial del día 4 de abril, en que se dice: …hemos confirmado que de cierre, nada, que el museo, el más visitado de los públicos de España(1), continúa con las puertas abiertas pese a los recortes… El museo debe apretarse el cinturón, claro, como todos los españoles… Pero de ahí a que el mejor museo de historia militar existente(2), al menos a nivel europeo(3), vaya a echar el cerrojazo, nada de nada. Y el día 5, en un artículo sobre el mismo tema, dice que, según sus fuentes, se está elaborando un estudio, a petición del Ministerio, encaminado a reducir el gasto del museo ante los recortes… Asimismo habla de unas previsiones de gran número de visitas en los días festivos de Semana Santa. Y también dice que el Presidente de la Comisión de Defensa del Congreso desmintió el cierre del Museo; que apuntó la posibilidad de alguna modificación en el horario, y que aclaró que el Ministerio ha solicitado, a los jefes de los Estados Mayores de los tres Ejércitos, proyectos para reducir gastos en cualesquiera establecimientos e instalaciones… A continuación informa de que el portavoz del Ayuntamiento de Toledo manifestó no tener constancia oficial de reducción en el presupuesto del Museo y que subrayó que cualquier recorte en dicha institución supondría “un paso atrás para la cultura, el turismo y la vida económica de la ciudad de Toledo(4).

Con fecha 18 de abril, y bajo el titular Las cuentas de Defensa hacen tambalear al Museo del Ejército, un periódico digital de Toledo, cita las instrucciones para que se haga posible una reducción muy notable del gasto anual. Además dice que, según sus fuentes, … en el caso del Ejército de Tierra, es el Museo de Toledo el que se ha analizado al detalle, con el fin de evaluar un posible cierre temporal o ajustes en sus días de apertura(5).

    Sigue un comentario, con alusión a un documento en que se dice que el Museo abrirá tal número de días a la semana, a propuesta del director… que haga posible una muy notable reducción del gasto anual. Después dice que se estudia seriamente el cierre temporal del Museo, que podría ser indefinido. Y continúa: Pero el peligro no es sólo económico, y ahí está la base que podría llevar al Museo a un cierre largo y prolongado….Después dice: A los militares no les gusta el Museo..(6). al que considera (con razón) Fiel a esa manía “oenegera” de la exministra de Defensa… Y termina diciendo: Un cierre prolongado “permitiría” un rediseño del Museo. Y ahí está el peligro o la oportunidad, como ustedes gusten(7).

Como decíamos al principio, para que quede establecida la verdad, es necesario corregir las inexactitudes contenidas en los párrafos citados y aclarar algún punto más.

1)      El museo público más visitado de España es, con mucho, el del Prado. El Museo del Ejército, era el segundo en número de visitas, en la capital de España. El Alcázar era el monumento más visitado, después del Prado y el Valle de los Caídos. Unía a su maravillosa arquitectura renacentista, los recuerdos del asedio, que constituían la parte  mayor y de mayor atracción de su museo.

2)      El mejor museo de historia militar existente lo era el Museo del Ejército, en Madrid, tanto por el número como por la calidad de sus fondos, especialmente por sus colecciones, ahora deshechas. Así lo calificó un director del Museo del Ejército de Francia. Y se ha contado cómo en Inglaterra se ha dicho que para ellos ha sido bueno el traslado, porque tenían el segundo museo militar del Mundo y ahora tienen el mejor.

3)      Lo era no sólo a nivel europeo, sino mundial, pues los mejores museos militares del mundo están en países europeos.

4)      El gran paso atrás para la cultura ha sido el deshacer el Museo del Ejército y el Museo del Alcázar. Y para el turismo y la vida económica de Toledo, la nueva instalación más bien será negativa, pues el Museo del alcázar, con los recuerdos del Asedio, eran un gran atractivo, que por ahora no existe, lo que lógicamente supondrá una tendencia a disminuir en vez de aumentar su número de visitantes. Hay que ver si mantiene el enorme número de visitantes, de España, de Hispanoamérica y de Europa, e incluso de países ajenos a nuestra cultura. Para Toledo supone el haber alterado su maravilloso Alcázar, infringiendo la Carta de Venecia y la de Washington, sobre las ciudades Patrimonio de la Humanidad, con el perjuicio que ello podría acarrear a la ciudad.

5)      Naturalmente, el costoso mantenimiento del Museo instalado en el Alcázar obliga a estudiar su rebaja como sea. Ello resalta más, cuando se recuerda el bajo presupuesto que tenía el mejor museo militar del mundo, en Madrid.

6)      La instalación actual no gusta a los militares, ni a nadie que haya conocido el Museo del Ejército, el auténtico, que estaba en la capital nacional y ahora está deshecho.

Pues sí, es una oportunidad, que debería saberse aprovechar. Pero un rediseño no sería suficiente. Es necesario enmendar el enorme daño hecho a la cultura en general, a la cultura de defensa, a la Historia de España e incluso a su economía, con la enormidad del gasto hecho para deshacer, en vez de para mejorar. La crisis actual obligar a retrasar esa recuperación, pero debe tenerse presente para efectuarla lo antes posible.

AAMEM