Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid

LA VERDAD DE UN DESAFORTUNADO CIERRE

La Última Visita al Alcázar por don Jesús Flores Thies (Parte 2)

Este artículo es la continuación de la primera parte que se puede leer aquí.

Espigando en aquel recorrido descorazonador, diremos que la tienda de Muley Abbas apenas si cabe en el rincón que le ha tocado en suerte. Caminando, podemos ver en una  vitrina una bandera, después unos sables, después una casaca, a 10 metros un cuadro… En un rincón solitario, penumbroso y aburrido, un “rayadillo” colonial. Y es que muchas zonas están en una inexplicable penumbra, como la que envuelve un gran cuadro de Bertuchi, algo solitario, y donde es difícil informarse sobre él.

Hay dos vitrinas dedicadas a la División Azul y otras dos a los rojo-republicanos que combatieron en unidades francesas. No haremos comentarios sobre lo absurdo de esa igualdad de trato y espacio museístico. Y después nos encontramos con una moto, una olla y un molinillo de campaña cuyo conjunto es explicado en los letreros bilingües como “olla”, “moto” y “molinillo de campaña”, todo un acierto explicativo que nos oculta la realidad de aquella moto, que era con la que se conseguía fabricar el pan de los sitiados.

Avanzando por el pasillo-sala nos encontramos con algo sorprendente. Una trincherita formada con diminutos sacos terreros en cuyo frente dos ventanucos muestran un paisaje de guerra con el tacatacataca de las ametralladoras. Nos imaginamos que es una especie de juguete bélico para los niños. En otro lugar hay una maqueta del “Dragon Rapide” que el ABC compró para llevar a Franco de Canarias a Marruecos, pero sin ningún letrero aclaratorio.

Lo que podríamos denominar explicación, aunque fuera sectaria, de la guerra civil, brilla por su ausencia. Vemos en un plafón solitario una docena de fotografías de extranjeros jefes de las Brigadas internacionales, pero en ninguna parte hemos visto algo similar referido a la Legión Cóndor y las CTV italianas. Hay un cartel publicitario elogioso para Miaja, el general que mandaba en Madrid cuando, a lo largo de un mes se asesinaba dentro y fuera de las checas a varios miles de compañeros y civiles. Y poco más.

Para terminar de agotar nuestra capacidad de resistencia a las largas caminatas, hicimos un recorrido por otros niveles y así pudimos ver una mínima parte de lo que la Casa de Medinaceli tenía en el Museo de Madrid, exclusivamente de armaduras. También vimos una exposición de uniformes que al estar en un espacio limitado y no dispersa a lo largo de pasillos, resulta interesante.

En uno de los niveles inferiores, en zonas dedicadas a siglos anteriores, nos encontramos con una puerta que da acceso al despacho del coronel Moscardó. No es ésta la puerta principal del despacho, que es la de la galería sobre el Patio de Armas, pero allí nada indica que esa era la puerta del despacho del defensor del Alcázar; igual que junto a la cripta, ningún letrero indica los que en esa cripta estaban enterrados: Moscardó, mujer y varios defensores de aquel sitio cuya heroicidad dio la vuelta al mundo.

En el despacho, en la habitual penumbra, apenas si han dejado algún mueble. Su aspecto es de vacío total. En las paredes desconchadas hay una colección de pequeños retratos de Directores de la Academia de Infantería, y en un letrero se copia el parte del día redactado por los defensores donde se habla de la conversación mantenida por Moscardó y el jefe de las milicias que le amenazó con la muerte de su hijo. Lógicamente en ese parte no se dice que el hijo fue asesinado una veintena de días después.

Hemos echado de menos a lo largo de todo el museo el extraordinario y valioso mobiliario que había en el museo madrileño. Aquí se ha encargado a una empresa que ha utilizado el mobiliario de lo más funcional, frío e impersonal. Alguien ha comparado los pasillos de este museo con los almacenes suecos de IKEA, otros con los de una clínica y hasta un tanatorio, y es que el ambiente noble y hasta heroico del museo madrileño desaparece en esta muestra adaptada a eso que llaman “criterios museísticos”.

Fuera del circuito turístico, este museo tiene almacenes donde se guardan, nos aseguran que con gran cuidado, gran parte de los fondos del museo madrileño, con la excepción de aquello que ya ha salido para otros museos o exposiciones temporales. También lo que había en el fenecido museo del sitio del Alcázar, así como las centenares de placas en homenaje a los defensores, donadas por entidades y ejércitos extranjeros, entre ellas la que entregamos los de mi promoción con motivo de unas Bodas de Plata. Sin ningún derecho ni respeto a los donantes, han sido quitadas y almacenadas.

Al salir por la inevitable “Tienda” observamos la pobreza de su oferta. No hay objetos para llevar de recuerdo, gorros, soldaditos de plomo, ni ceniceros con escudo, ni banderines… Si vimos unas figuritas de plomo de un cruzado o un templario y unos ridículos vestiditos para niños que simulan torpemente trajes medievales. Hay algunos libros históricos o turísticos, postales… pero nada que tuviera que ver con la información sobre el sitio y su heroica defensa. En la primera visita descubrimos tres libros que tocaban el tema del sitio, libros que ya han desaparecido, comprados o retirados. Es como si en Getisburg nada hiciera recordar al visitante que allí hubo una batalla en la guerra de Secesión norteamericana.

Hicimos un rápido recorrido por la parte noble del Alcázar, patio escalinatas, galerías… donde no existe una sola placa, símbolo, letrero o noticia del histórico sitio. Por no haber, ni siquiera están las placas que recordaban a los primeros cadetes caídos a principios del siglo XX en las guerras africanas. Su acceso no es fácil (desde el Museo), hay que preguntar y quizá sea esa la razón por la que, cuando visitamos esa zona, estaba completamente vacía.

Nos despedimos con amargura del lugar al que posiblemente no volveremos más. Dejamos atrás una nube de empleados, pasillos, ascensores, escaleras mecánicas, salas culo de saco, penumbras, vitrinas impersonales, blancura de clínica y los restos excepcionales de un museo cuyos fondos nos daban la impresión de estar allí como prisioneros.

Lo hecho es ya irreversible, Si España se reencontrara algún día, se podría hacer una reestructuración del museo porque los espacios dan para mucho más, entre otras cosas, para tirar a la basura a la inicua “Memoria Histórica” y recuperar para España y para el mundo nuestra propia Historia y la de un hecho heroico que el rencor y la cobardía tratan de borrar de la memoria.

Jesús Flores Thies

Coronel de Artillería-Retirado

Un comentario el “La Última Visita al Alcázar por don Jesús Flores Thies (Parte 2)

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Esta entrada fue publicada en febrero 14, 2011 por en Actualidad del Museo, Cartas de Amigos del Museo y etiquetada con , , , .
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