La Última Visita al Alcázar por don Jesús Flores Thies (Parte 1)

A continuación transcribimos el artículo publicado en la revista Militares en diciembre de 2010. Queremos agradecer a su autor, don Jesús Flores Thies, que nos haya permitido publicarlo en este blog. Debido a la extensión del artículo, lo publicaremos en varias partes.

Hemos vuelto al Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo para, en un recorrido más metódico dedicado esencialmente al siglo XX, comprobar nuestros temores sobre el “nuevo” museo no eran viscerales.

Partamos del hecho indiscutible de que el enorme despropósito de una “Memoria Histórica” ha primado sobre todo lo demás, sin dejar a un lado ese “todo lo demás”, que también tiene su miga, especialmente ese criterio que al parecer también ha primado, cual es el de los “nuevos conceptos museísticos”.

Recordamos la entrada que daba acceso al Museo de Madrid, comparada con la del museo toledano. Por ambas se accedía a edificios históricos y nobles, pero en el caso del “nuevo” museo, el acceso se hace por una funcional y fea fachada que, en vez de desembocar al pie de una extraordinaria escalera Real, permite penetrar en una zona de fría y funcional de control, información, consignas y en un gran espacio en el que se pueden ver las ruinas romanas, medievales y hasta renacentistas descubiertas al hacer las excavaciones para instalar el museo, que son, indudablemente, de excepcional interés. Luego pasarelas, escalera mecánica, y después de saludar a la aburrida y solitaria estatua que coronaba la majestuosa estatua del museo madrileño, se penetra en la zona del museo por la tienda. Atravesada ésta, cuyo interés es mínimo (haremos al final algún comentario), se accede a unos pasillos vacíos en los que vemos una primera puerta que da acceso a “La Historia del Alcázar”.

La información sobre esta presunta historia es mínima. En la brevísima muestra, sólo en una ocasión surge la palabra “asedio”, y en las fotos de las diferentes fases del Alcázar a lo largo de la Historia, una foto de las ruinas del Alcázar tiene debajo estas fechas: “1936-1941”. Nada se dice de la razón de estas ruinas, de forma que el visitante no sabe si esa ruina se produjo por un terremoto o por un defecto en la construcción.

Preguntando, pudimos encontrar el ascensor que nos llevaría a la última planta en al que, en menos de la mitad de su superficie, está la parte del museo dedicada al siglo XX.

Hemos de decir que hay numeroso personal contratado, tanto de azafatas de pasillo como del servicio de seguridad, paciente personal que responde con educada y santa paciencia las abundantes preguntas y dudas de los visitantes. Una de las amables azafatas, que bostezaba en un rincón, nos confesó que su jornada de trabajo era de 13 horas, con 45 minutos para comer. Esta jornada nos pareció excesiva, pero lo consignamos tal y como lo oímos, sin valorar su exactitud, pero como forma parte del anecdotario de la visita, así lo relatamos.

Al llegar a la última planta, nos enfrentamos con unos espacios vacíos y en blanco bastante descorazonadores, pasillos con funcional aspecto de clínica. Luego, al pasear por estas salas-pasillos, se va descubriendo lo que hay a cada lado de forma más bien espaciada y con criterios expositivos a veces sorprendentes. Al principio de la muestra del siglo XX donde está incluida la guerra civil, vemos en una vitrina unas pequeñas maquetas con un carro de combate de la guerra del 14, otro alemán de la segunda guerra mundial, un misil “Hawk” de mediados de los 60, mezclados con un carro francés “Renault” que sí se utilizó en nuestra guerra… y un poco más allá un unifome de 1908 ¿Por qué esta mezcla?

(continúa en el siguiente artículo que se puede ver pinchando aquí.)