La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte2)

[Continuación de la parte 1]

A mediados del Siglo XVI aparecen dos Llaves que utilizan para la ignición de la pólvora del cebo una piedra de sílex o pedernal sujetas entre las mordazas de una pieza móvil, que sería llamada “gatillo” por su peculiar movimiento y efectos. Son éstas las conocidas como Chenapan (del holandés Snaphaunce que viene a significar “gallina picoteando”) y la Llave Española o de Patilla, como siempre fue llamada en España.

Tradicionalmente se ha considerado a la de Chenapán como mas antigua, pero no hay hasta ahora documento fehaciente que así lo acredite. La de Patilla o Española fue coetánea de la anterior y bien pudo ser la más antigua.

Una escopeta italiana con Llave de Chenapán a la florentina y firmada por el eminente armero italiano Lazarino Cominazzo destaca en la colección del Museo; además tiene una peculiaridad que la hace reseñable amén de su cuidada construcción, y es que tiene la cureña (la extremidad posterior de lo que se conoce como culata) abatible mediante una bisagra y un pestillo que permiten plegarla para un más fácil transporte.

La Llave de Patilla o Española tenía un mecanismo similar a la anterior; se diferenciaba en que el rastrillo, en forma de L, hacía las veces de cobija, en la de Chenapán era otra pieza más, y que en el Muelle Real se situaba al exterior de la platina (chapa de acero en donde se alojaban las distintas piezas de su mecanismo) lo que tenía la ventaja de que al no estar limitado su espacio era de gran tamaño, y por ende, de suma fortaleza; la Chenapán lo tenía al interior de la pletina por lo que era más pequeño y débil, pues al tener que hacer un hueco en la caja para incrustar la Llave a la altura de la garganta de aquélla, éste no podía ser muy profundo so pena de romper la caja.

Como pieza destacable de la colección se ha elegido el fusil Reglamentario del Ejército Español Modelo 1724. El arma se reglamentó en tiempos de Felipe V y a través de la Ordenanza del Intendente D. Marcos de Aracil. Era la primera vez que se describía como debía ser el fusil para el Ejército. Hasta ese momento los Asentadores Reales (nombrados por el Rey) se encargaban de contactar con los distintos talleres de las Vascongadas para la fabricación de los arcabuces y mosquetes que se consideraban necesarios pero unificando los calibres, y para el resto del arma cada taller tenía su modelo propio.

El fusil de la colección se encontraba en la exposición de la Delegación del Museo en Toledo, de donde se trajo para unirlo a la colección de armas reglamentarias del Ejército Español. la conservación de este fusil no era buena, pues le faltaba el Rastrillo y el Muelle Real; se consiguió que un menestral metalúrgico, gran conocedor y restaurador de armas antiguas, D. Lisardo Losada Ancillo, rehiciera ambas piezas, las cuales previamente a cementar el Rastrillo y templar y revenir el Muelle Real, fueron troqueladas con una R (indicativo de reconstrucción, reproducción o réplica) haciendo constar esta circunstancia en la ficha de catalogación a la posteridad.

Uno de los pocos casos en que conocemos quién y cuando se descubrió un sistema, se produjo en la primera década del siglo XVII, cuando Marín Le Bourgeoys, armero de Lixieus, en la Normandía francesa, patentó una nueva llave de sílex, la cual era una mixtura de la de Chenapán y la Española o de Patilla. De aquella tomaba el conjunto de platina, nuez, fiador y muelle real al interior de la platina, y de la de Patilla, el rastrillo que hacía a la vez de Cobija. Intervino entonces la “Grandeur” y algunos franceses dijeron que ésta era la verdadera llave de sílex, como si las dos anteriores fueran un juguete de la señorita Pepis.

De la ingente cantidad de armas con llave de sílex a la francesa de la colección es menester destacar una por su condición de muestra del deseo permanente de lograr un sistema que, al menos, aumentara la cadencia de tiro a efectos militares. A finales del siglo XVIII y principios del XIX dos useños (useño, natural de U.S.A) llamados Joseph Belton en el siglo XVIII y mejorado en el XIX por Chambers, diseñaron y realizaron el fusil conocido como de Traca. Era un sistema ingenioso, pero como demostró su uso, con “más ruido que nueces”. Partiendo de un fusil militar, el sistema residía en lo siguiente: además de la llave correspondiente instalaba otra, del tamaño de una pistola militas. A unos 30 centímetros de ésta, se introducía una carga de pólvora reducida de la de guerra (unos seis gramos)una bala que tenía un taladro de unos dos milímetros que traspasaba la bala, el cual se rellenaba de polvorín aglomerado con goma laca para que no se saliera de él. Sobre los anteriores se introducía otra carga del mismo peso y otra bala como la anterior, y así sucesivamente hasta completar unas doce cargas. Joseph Belton informó en 1777 al Congreso de los EE.UU. que con pequeñas modificaciones se podría doblar el número de cargas. Chambers a inicios del XIX introdujo alguna mejora, como asegurar el gatillo en la posición de seguro mediante una biela que pivotaba sobre un eje fijado en la platina y con un gancho en su extremo posterior que se incrustaba en un orificio practicado en el corazón del gatillo, de forma que se aseguraba la imposibilidad de disparo mientras se cargaba el arma. Operación, como se comprende, premiosa. Una vez cargada el arma, un hábil juego de palancas hacía que se disparara la llave delantera y al arder la carga el fuego prendía el polvorín del taladro de la bala haciendo que la carga siguiente se incendiara produciendo un disparo nuevo, y así sucesivamente hasta agotar todas las cargas.

El sistema, si bien ingenioso, adolecía de varios inconvenientes, pues una vez que se disparaba el primer tiro, no había quién los interrumpiera, con la consiguiente tortura del tirador que tenía que sufrir los sucesivos y violentos culatazos. Amén de que solo conseguiría regar de balas la provincia, porque las posibilidades de precisión, de por si febles con un arma de ánima lisa, se multiplicaban únicamente un defecto en la carga. O alguna mecha inserta en las balas que no ardiera paraba la traca de disparos, lo que inutilizaba el arma momentáneamente. Ya Belton había dicho que una vez disparada la traca de cargas, el arma podía utilizarse de forma convencional, como un fusil monotiro.

Indudablemente el efecto psicológico se conseguía. Disparar tal número de balas ininterrupidamente debería producir cierto espanto, cuando en la época solo se lograban hacer hasta cuatro disparos por minuto como máximo. Por último, se hace necesario señalar que de este tipo de armas solo han llegado dos hasta nuestros días, al menos hasta el momento. Una se encuentra en el Arsenal de Woolwich en Inglaterra, el cual está hecho a partir de un fusil militar inglés Brown Bess, y otro en la colección del Museo, siglado con el número de inventario 2164, hecho a partir de un fusil reglamentario francés modelo Año XVIII, que incomprensiblemente no está expuesto en el Nuevo Museo de Toledo al tratarse de una pieza prácticamente única.

Belton también diseñó y realizó un cañón de traca. Se componía de un haz de cañones (unos cinco) intercomunicados, de forma que al dar fuego a uno, éste se comunicaba a los restantes, pudiendo lanzar alrededor de cuarenta proyectiles en unos breves segundos. Al día de hoy solo han llegado dos cañones con este sistema, uno se encuentra en Lieja en un Museo, y el otro, como prueba incontrovertible de su importancia, se encontraba en la Exposición de la Delegación del Museo del Ejército de Madrid en Toledo. Se componía de un haz de cinco cañones de unos 3,5 centímetros de calibre, sujetos en una horquilla sobre la que podían pivotar para su manejo y puntería.

[continuará]

 

La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte1)

sala de armasLa colección se compone de 1362 armas distintas que abarcan un periodo desde los primeros Truenos, Truenos de Mano, Cañones o Culebrinas de Mano, como fueron llamadas las primeras armas de fuego portátiles, hasta el último fusil Reglamentario del Ejército Español, el Model 1943, el Mauser con acción 1898, de retrocarga y repetición, del calibre 7,92 x 57 mm. La colección de los distintos modelos Reglamentarios del fusil de asalto español CETME se encuentran en lo que era la exposición y depósito del Museo en el Alcázar de Toledo.

Hacer una reseña de tal colección se escapa de la intención y capacidad de este artículo, por lo que se hará un breve resumen cronológico de los distintos descubrimientos armeros y se reseñará alguno de los especímenes de la colección como ejemplo de su importancia y universalidad.

El arma de fuego portátil más antigua que ha llegado a nuestros días, es la conocida como Cañón de Tannenberg, por haber sido encontrada en la ciudad de ese nombre, y que se ha datado de 1390.

Armas similares de este tipo han llegado en escaso número a nuestro tiempo, pese a ello el museo disfruta en su colección de cuatro ejemplares. El siglado con el número 1926 fue usado por los hombres de Cortés durante la Conquista de México, y parece que quedó de guarnición en el puesto establecido en Segura de la Frontera, a una jornada de marcha de Villarica de la Vera Cruz.

Un manuscrito alemán de 1473 y un icono de 1475, representando un combate durante la Guerra de los Cien años, son los documentos más antiguos que hay sobre la Llave de Mecha o Serpentín, la cual permitió plenamente el uso de estas armas por un sólo hombre.

Hay una buena cantidad de arcabuces y mosquetes con llave de mecha o serpentín en la colección, pero ninguno de ellos, armas de factura tosca y poco atractiva, tiene suficiente entidad para destacarlo, pero como colección es universal. Una prueba de ello son las armas de países que consideraremos exóticos o lejanos. Tres arcabuces chinos de tosca y rudísima construcción pertenecen a este tipo exótico; parece que fueron donados al Museo por un agregado militar español en Pekín tras su estancia a mediados del siglo XIX. También como exóticos figuran dos Bandukh Torador, como llaman en la India a unos arcabuces de mecha o serpentín que tienen como característica más señalada que el serpentín es directo, es decir, que se mueve en la dirección del proyectil, mientras que en la mayoría de los de Europa el serpentín se movía en dirección inversa. Por último, también tiene presencia Japón con cinco “tepös” como llaman en este país a los arcabuces con llave de mecha o serpentín;  estos tienen dos características destacables: sus llaves son como las del último modelo que se elaboró en Europa, que tenían el serpentín lanzado y directo; lanzado porque éste quedaba sujeto por una uña y cuando le apretaba el disparador y por efecto de un muelle de bronce era lanzado contra la cazoleta, lo que aseguraba la ignición del polvorín (como se llamaba a la fina pólvora que se ponía en la cazoleta del arma); la segunda era que la caja remataba en una cureña (la parte posterior de lo que se conoce vulgarmente como culata) de carrillera, la cual fue usada en el centro de Europa.

arcabuceroEl mosquete fue desarrollado por los españoles durante el desplazamiento de los Tercios Españoles a Flandes al mando del Duque de Alba, y según narra el Mariscal Londoño, se utilizó para parar los ataques de una suerte de caballería holandesa, que emboscada en las manchas de bosque de la llanura holandesa, atacaba al Tercio cuando se desplazaba en marcha de maniobras. El Duque pidió a Londoño que desarrollaran un arma que pudiera parar a esta caballería, puesto que los arcabuces, por su escaso calibre (unos 16 mm) no tenían poder de parada suficiente. Los mosquetes con un calibre de a 8 balas en libra (unos 22 mm  de calibre y con una bala esférica de plomo de unos 50 gr de peso) tenían velocidad y potencia para derribar a un caballo al galope hasta unos 100 m.

En la primera década del siglo XVI aparece un nuevo mecanismo o llave conocido como la Llave de Rueda. Aunque algunos alemanes se empecinan en atribuir el invento a Juan Keifuss de Nuremberg, lo cierto es que hasta día de hoy no hay documento fehaciente que lo acredite, sin embargo es incuestionable que en uno de los doce volúmenes del Codex Atlanticus, conservados en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, escritos en 1508 por Leonardo da Vinci, aparece el diseño inequívoco de una llave de rueda; una de  sus numerosas piezas de su estructura, y fundamental, es una cadena articulada, que todo el mundo está de acuerdo que también es un diseño de da Vinci, así que “blanco y en botella”. La llave funcionaba de forma similar a como lo hace un mechero convencional actual: una rueda dentada (en la llave de rueda la rueda tenía unas ranuras alrededor del borde) al rozar con fuerza sobre una piedra “ad hoc” provoca unas chispas que encienden el combustible del mechero.

pistolageneralriegoEl Museo tiene una buena colección de armas de Rueda, tanto en cortas como en largas; de estas la mayoría con cañón rayado para tiro a larga distancia y precisión. Una característica de éstas es la de que eran armas de difícil y costosa elaboración para los medios de la época, por lo que sólo personas con gran capacidad económica podían adquirirlas. De ahí que estén ricamente decoradas con incrustaciones de marfil, hueso, metales preciosos e incluso gemas preciosas. De esta colección destacan dos pistolas, conocidas como Puffer en Alemania. Una con caja de nogal totalmente taraceada con marfil, con la coz esférica y lobulada, que perteneció al General Riego, el cual se levantó contra Fernando VII en las Cabezas de San Juan, y que, tiempo después fue ajusticiado en Madrid tras ser ignominiosa y cruelmente arrastrado en un serón por las calles. La otra es una pistola con caja de hierro batido, con una caja de respetos en la empuñadura, con la coz en cola de pez, que tiene los punzones de Leonhard Danner que trabajó en Nuremberg entre 1507 y 1585 creando una saga de armeros de renombre universal. Este tipo de pistolas fueron las que usaban los Herreruelos españoles, una tropa de caballería, y los Reiter alemanes, también caballería

[continuará]

José Borja Pérez

 

Los Recuerdos de la luchas contra la Piratería en Filipinas, por Gabriel Rodríguez

escalera    En el Museo del Ejército, cuando lo era realmente, podían verse, en la escalera principal y en la sala de Ultramar, varias lantakas, curiosos cañones giratorios de bronce, de distintos calibres. Eran los recuerdos de la lucha contra la piratería malayo-mahometana, en Filipinas.        

    Los misioneros españoles tuvieron una gran aceptación en aquel archipiélago, que pronto fue un país cristiano. Pero en el gran conjunto formado por Mindanao, el archipiélago de Joló y las islas Samales, ya habían llegado los musulmanes y la sociedad se parecía a la de los países musulmanes de  África, con la idea clara de la guerra santa contra los cristianos. Estaban divididos en sultanatos, en los que dependían del sultán los dattos, una mezcla de señores feudales y jefes de zona o poblado, que con sus vasallos, ejercían la piratería desde hacía siglos. Eran fanáticos musulmanes, no sabemos si ortodoxos o de alguna secta; muy bien adiestrados para la lucha y la navegación, y muy duros, austeros y resistentes. Se les llamaba moros, como a todos los musulmanes.  Contaban con buena provisión de armas blancas, como los kris y los campilanes, disponían de fusiles modernos, y tenían un eficaz sistema defensivo, con las cottas, fortalezas, bien artilladas con lantakas y establecidas en puntos que dominaban los accesos a aquellas islas, defendidas además por la espesa vegetación tropical. Con embarcaciones ligeras, las vintas, pancos y barotos, muy ágiles y rápidas y armadas con lantakas, eran una amenaza en los mares próximos. Sus eficaces defensas hacían fracasar a las expediciones de castigo con fuerzas reducidas. Recordaba el Mediterráneo con los piratas berberiscos. Se relacionaban con Borneo e incluso con la China.          

    En el siglo XIX, se les combatió en la época de Fernando VII, pero ello decayó después. Cuando fue Ministro de Ultramar Álvarez Méndez, llamado Álvarez Mendizábal (el de la Desamortización), ordenó no combatir a los moros y hacer acuerdos comerciales con ellos; el sultán de Joló accedió al acuerdo, pero los dattos siguieron ejerciendo la piratería.

    Cuando llegó al poder el general Narváez, se decidió resolver el problema con energía. Se hicieron reconocimientos de las islas, que demostraron que el asentamiento más importante de  los piratas era la isla de Balanguingui, por su fortaleza natural, sus fuertes cottas y su elevado número de guerreros y embarcaciones. Los intentos de penetración en las islas con fuerzas reducidas eran fácilmente rechazados, por lo que el Capitán General Clavería ordenó al coronel Peñaranda que hiciera un reconocimiento de Balanguingui, con mayores medios, pero fue también rechazado. Entonces organizó una expedición con potentes medios navales y terrestres, que tras durísimos combates, en febrero de 1848, dominó la isla, destruyó sus fortificaciones y se llevó su armamento; así aquella fuerte  guarida de piratas quedó anulada para mucho tiempo. Fue la operación más importante contra la piratería.  

    El más extraordinario hecho de armas contra la piratería tuvo lugar el 17 de noviembre de 1861. Fue el asalto y toma de la cotta de Pagalugán, en Mindanao, el único caso conocido de que un barco embistiera con la proa a una fortificación terrestre. En marzo de ese año, el después famoso almirante Méndez Núñez ascendió a capitán de fragata y fue destinado al mando de la División de Fuerzas Sutiles del Sur de las Visayas, del que se hizo cargo en septiembre. Tenía a su cargo la vigilancia de la zona más expuesta a los ataques de los piratas. 

    En Mindanao, se había ocupado y guarnecido el puerto de Cottabato, que servía para la vigilancia de las costas de aquella isla, cuya capital, Zamboanga, era el único puerto con actividad notable. En Mindanao, fuera de Zamboanga y los pequeños puertos, la autoridad española se basaba sobre todo en los acuerdos con los sultanes de Buayán y Tumbao y los dattos, a quienes se respetaba su organización y se les exigía la adhesión al Rey de España y un tributo. A veces había sublevaciones y guerras locales, que   terminaban con expediciones que los obligaban a someterse y dejar de ejercer la piratería, a la que volvían después.

    En el citado año 1861, el datto Maghuda, que dominaba en el Río Grande de Mindanao, posiblemente como reacción contra la ocupación de Cottabato, que dificultaba  la piratería, se sublevó y se lanzó a las acciones piráticas, en las que se llegó a cañonear a barcos mercantes y a atacar a pueblos costeros de indígenas cristianos. Maghuda contaba con varios miles de hombres, dispuestos siempre a la guerra santa contra los cristianos,y con la enorme y fuerte cotta de Pagalugán, que dominaba dicho río. Esa cotta estaba artillada con cuatro cañones modernos y un gran número de lantakas. Dominaba el río, elevada sobre un estrecho recodo del mismo, en el que las embarcaciones derivaban por la corriente, quedando bajo el fuego de los cañones. La guarnecían unos quinientos hombres, más otros mil en su pantanoso exterior.    

    Para acabar con la situación de inseguridad e incluso de terror, en aquella región, el Capitán General decidió organizar una expedición, con medios suficientes para tomar aquel reducto de piratas y dominar el Río Grande. Era Jefe de Estado Mayor el coronel D. José Ferrater, que fue nombrado jefe de la expedición y de su fuerza terrestre, formada por seis compañías de Infantería, cuatro piezas de Artillería de Montaña y una sección de Zapadores. La fuerza naval, mandada por el capitán de fragata Méndez Núñez, se organizó con dos corbetas, la “Constancia”, buque insignia, y la “Valiente”; cuatro cañoneros y cuatro falúas, más tres veleros para el transporte de tropas. El día 16, los buques de esta fuerza naval se concentraron en aguas próximas a Cottabato y, a continuación, encabezados por la “Constancia”, zarparon hacia el Río Grande y lo remontaron hasta un recodo del mismo, entre el dominado por la cotta y su desembocadura. Al asomar la “Constancia”, hicieron fuego desde la cotta, pero sin alcance suficiente. Allí fondearon los buques y  desembarcaron dos compañías, para reconocer las defensas de la fortaleza, misión que no pudieron cumplir, por impedir su aproximación una extensa ciénaga. Entonces hizo el reconocimiento Méndez Núñez, con tres botes. A su regreso a la “Constancia”, se inició la  preparación del ataque planeado, con el desembarco de un agrupamiento formado por dos compañías de cazadores y una de granaderos y dos piezas de artillería, que ocuparon una posición frente a la cotta, para atacarla, con el apoyo de los fuegos de los barcos. Con un bien coordinado plan de fuegos terrestres y navales, se iba a realizar el asalto, franqueando los obstáculos y llevando escalas para salvar la muralla. Pero tan bien preparado plan fracasó, por ser imposible tanto batir la cotta sin alcanzara los asaltantes, como mantener los cañoneros su fuego con eficacia, por la inestabilidad que les causaba la fuerte corriente del río en el recodo. Ante esta situación, el coronel Ferrater, el capitán de fragata Méndez Núñez y el teniente de navío Malcampo, comandante de la “Constancia”, estudiaron reunidos la conveniencia de retirarse y volver a atacar la cotta con más fuerzas. Pero Méndez Núñez expuso la temeraria idea de embestir a toda máquina con la “Constancia” contra el muro del fuerte y asaltarlo simultáneamente desde tierra y desde la corbeta. El coronel aprobó esa novedosa acción y decidió un nuevo asalto. Entonces Méndez Núñez ordenó disponer a los infantes y marineros para el asalto, mandados por el entonces alférez de navío D. Pascual Cervera. A una señal, a las ocho y cuarto de dicho día, la “Constancia” abordó la fortaleza, que fue asaltada simultáneamente por  la tropa y marinería dispuesta en la corbeta y por la fuerza desplegada en tierra. En el combate murieron unos doscientos de los ocupantes de la cotta, entre ellos el datto Maghuda, y los demás huyeron. Las bajas propias fueron dieciocho muertos y noventa y ocho heridos. La fortaleza fue volada, después de recoger lo que tenía interés. Así quedó anulada la terrible cotta de Pagalugán. Se recogieron las banderas, enviadas al Museo Naval, y muchas armas, entre ellas varias lantakas y armas blancas, que fueron enviadas al entonces Museo de Artillería. Son las lantakas que tenía el Museo del Ejército y parte de las armas blancas de su Sala de Ultramar.                            

                                                                                                       

                                                                                                            Gabriel Rodríguez

Desastre y Ruina por Imprevisión. Traslado del Museo del Ejército

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Concurren en el traslado del Museo del Ejército al Alcázar de Toledo, además de una agresión a nuestro patrimonio histórico, una serie concatenada de disparates que han supuesto un despilfarro económico, y que terminará, si Dios no lo impide, con la destrucción de fondos históricos irremplazables, amén del daño infligido al  edificio histórico del Alcázar.

Hechos previos al traslado:

El día 21 de junio de 1994, la Ministra Dª. Carmen Alborch, compareció ante la Comisión de Cultura del Congreso, solicitando, por si fuera necesario por si fuera necesario ampliar el Museo del Prado, el ala norte del Palacio del Buen Retiro, ocupado por Museo del Ejército.

Para buscar una sede, acorde con la importancia de sus fondos, al Museo del Ejército, se crea una “Comisión de Estudio y Preparación de una Posible Nueva Sede”, que no llegó a reunirse.

Con el cambio de Gobierno, el nuevo Presidente de Gobierno; Sr. Aznar decide, sin consulta alguna a los órganos especializados, trasladar el Museo del Ejército al Alcázar de Toledo. Traslado que ya intentaron y desistieron de ello, sin duda tras recibir informes desfavorables,  los Generales Primo de Rivera y Franco, en 1929 y 1965 respectivamente.

Esta es la primera imprevisión, origen de todas las demás y del despilfarro económico, que ha sido, y sigue siendo, el traslado del Museo del Ejército al Alcázar de Toledo, como confirmamos a continuación.

Ordenado, de forma personal, por el propio Presidente Aznar, convencido de que el mayor volumen aparente del Alcázar, era suficiente para permitir, en condiciones ventajosas, la instalación de los fondos del Museo, se procede de forma inmediata  al estudio de la nueva Sede, con el resultado desfavorable por una serie de circunstancias descritas por el Coronel  Ingeniero Politécnico Rocabert Bielsa, de la forma siguiente:

Con respecto a la superficie, hay que decir que aunque el volumen aparente del Alcázar es enorme, tiene en su interior un gran patio de armas rectangular  con claustro, que resta superficie utilizable. Además, de las tres plantas que dispone el edificio sobre rasante, la se encuentra cedida  a la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha para biblioteca pública. Por otra parte el sótano y semisótano, tienen una accesibilidad problemática y el espacio está muy compartimentado. Finalmente la singular tipología del edificio, con gran altura de techos, enormes escaleras, zaguanes, disminuye aún mas la superficie disponible del mismo.

Por la falta de espacio se formó un grupo de trabajo en el que participó el autor del artículo, que llega a la conclusión de que el edificio histórico era insuficiente, por lo que era necesario buscar nuevos espacios arquitectónicos, que se obtendrían mediante la construcción de un edificio de nueva planta, bajo la explanada de la fachada norte del Alcázar, todo ello a pesar de que, al determinar la naturaleza y formación del subsuelo, mediante sondeos y penetraciones dinámicas, el Ministerio de Educación  Cultura y Deportes realizó una cata arqueológica  donde descubrieron restos de cierta importancia. Dejando el Alcázar para exposición permanente y el nuevo edificio para el resto del programa.

Este, a mi entender, es el motivo que, en las dos ocasiones anteriores, hizo desistir a los Generales Primo de Rivera y Franco, pero no en este caso, como, a continuación, como cantan los resultados.

Esta es la segunda imprevisión, de consecuencias desastrosas, por coste y resultados, como se verá claramente de todo lo que sigue.

Continúa el Coronel Rocabert, en la parte del artículo que llama “EMPEZABAN LAS DIFICULTADES”, contando que se organizo el trabajo en dos fases:

Primera Fase; que consistía en la preparación del edificio histórico, para Exposición Permanente.

Segunda Fase;  construcción del edifico de nueva planta, bajo la explanada norte.

Alcázar de Toledo. Museo del Ejército

(Es de valorar en este momento, que aun no se había desarrollado el discurso histórico de Nuevo Museo y, por lo tanto el Programa Museográfico, documento que ha de ser base para la contratación del proyecto de diseño, que se contrató a principios de 2005 (Teniente Coronel Guerrero Acosta, Revista Ejército de mayo de 2007, La nueva exposición del Museo de Ejército). Enorme vació (nueva imprevisión), que permaneció hasta muy avanzadas las obras, como el mismo autor reconoce, al manifestar que al comprometerse, el equipo que se hizo cargo de ello, en el año 2003, las obras del proyecto arquitectónico estaban muy avanzadas. Lo ratifica el General Zorzo Ferrer en la Resista MILITARES nº 73 de octubre de 2005. El Programa Museográfico se entregó en 2007.)

Se empezó por la segunda fase, por cuestiones económicas o de oportunidad, seguimos con el Coronel Rocabert, “EMPEZABAN LAS DIFICULTADES”, por lo tanto empiezan a excavar en la fachada norte del Alcázar, y aparecen todo tipo de restos arqueológicos de gran valor arquitectónico, por lo que hubo que cambiar el emplazamiento del Edificio de Nueva Planta, redactando un nuevo proyecto, que consistió en trasladarlo hacia el oeste, dejando la zona de restos fuera de la edificación, al tiempo que se protegió de la intemperie por una gran losa, que constituyó el suelo de la antigua explanada norte, soportada por una retícula de pilares de 8×8 m. El nuevo proyecto proponía una excavación de 28m a 6m, al pie del Torreón nordeste.

(Debo comentar en este momento que:

Como ya se dijo, en el estudio del terreno se habían encontrado restos de cierta importancia.

El edificio de nueva planta de la explanada Norte, quedaba bajo rasante sin afectar al aspecto externo del Alcázar.

En su nuevo emplazamiento, donde la fachada del Alcázar queda diecinueve metros por debajo de la explanada norte, queda como un edificio adosado al histórico, como una agresión arquitectónica, denunciada ante la UNESCO.

Este error, que se debe considerar de bulto, acarrea nuevos gastos y dilaciones en la obra, que nos relata el propio Coronel Rocabert)

En el nuevo emplazamiento, tras nuevos estudios y proyecto, vuelve a aparecer restos importantes, que  han quedado a la vista del público mediante una estructura con metacrilato, todo con los mismos problemas y dilaciones.)

Pero los problemas aumentan al empezar, la primera fase siempre siguiendo al autor del escrito, diciendo: La ejecución de esta obra fue muy dificultosa. Por una parte el vecino de arriba (la biblioteca de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha) exigía que las obras no afectaran al normal funcionamiento de su actividad, cosa difícil de conseguir cuando, entre otras actuaciones, el proyecto contemplaba la demolición y nueva construcción de los tres núcleos de escaleras. Protegidas que accedían hasta su planta y servían para asegurar la evacuación en caso de incendios, la construcción de un nuevo acceso y la construcción de un nuevo forjado para ubicar sobre él la recepción de la Biblioteca…, manteniendo las seguridades de evacuación, y contra incendios, para hasta 500 visitantes diarios.

La tipología del edificio, conserva partes originales, que requirieron la presencia permanente de un equipo de arqueólogos, por lo que frecuentemente se suspendieron las obras, buscando soluciones a los problemas que constantemente se planteaban. Dice el autor: Las soluciones técnicas que proponía el proyecto, en ocasiones,  eran difíciles de llevar a la práctica. Unas veces, por falta de información sobre el comportamiento de los materiales que constituían el edificio; otras por las sorpresas que se producían al descubrir en ocasiones aljibes, cuevas, galerías o elementos constructivos desconcertantes.

Conclusión: El proyecto arquitectónico, que inicialmente fue de 4.000.000.000 de Pts, para el Edificio de Nueva Planta y 2.000.000.000 de Pts. para la preparación del Alcázar, pasa a ser, según la versión oficial, de 51.383.783,16 € abonados por el Ministerio de Cultura y 12.511.723,08€ abonados por Defensa. Consultadas fuentes expertas en la materia, de forma oficiosa, calculan que el importe real es tres veces mayor que el reconocido, hay que agregar a esto los gasto de almacenamiento de fondos, en los sótanos de la Escuela Politécnica, y gastos de traslado que no conocemos y relaciono aparte.

Como al principio se ha dicho, todo empezó, como previsión, por si el Museo del Prado necesitaba nuevos espacios, por lo que es notable que, después de todo lo descrito, después de desaparecer el Museo del Asedio del Alcázar, y tener desperdigados o en Almacenes visitables, la mayor parte de los fondos del Museo del Ejército, el Ala Norte del Palacio del Buen Retiro, Sede que fue de nuestro Museo, se encuentra desocupada y en situación de abandono.

Coronel Pedro Rey

Reflexiones sobre el Museo del Ejército

salon de reinosEl día 24 de julio de 1996 el recientemente nombrado Presidente de Gobierno D. José María Aznar, acompañado de los miembros del Patronato del Museo del Prado, del JEME y de los hispanistas ingleses Brown y Elliot, decide, aconsejado por estos últimos, la restauración del Salón de Reinos y el traslado al Alcázar de Toledo del Museo del Ejército, después de casi 200 años, en aquel momento de residencia en el Palacio del Buen Retiro.

Esta decisión, a todas luces precipitada, no va seguida de informes rigurosos sobre la conveniencia del traslado, no se hace estudio económico serio del coste de la operación, no se tiene en cuenta el daño que se hace al patrimonio cultural de Madrid, a la historia acumulada durante casi 200 años y al pueblo de Madrid, al que se priva de una joya museística única en opinión del insigne arquitetecto D. Fernando Chueca Goitia.

Lamento no coincidir con las manifestaciones del General Álvarez Carballa en la entrevista concedida a este medio sobre el coste y la duración de una rehabilitación del Palacio del Buen Retiro pues, como se ha demostrado, con el paso de los años el coste del traslado y la construcción del nuevo edificio en Toledo ha superado con creces los de la posible intervención a que se refiere el General Álvarez Carballa.

Es cierto que el Ejército no disponía de fondos para llevar a cabo esta empresa. Pero en aquel momento se había firmado un acuerdo entre los ministerios de Defensa y Cultura por el que este último ponía a disposición de Defensa 4.500 millones de las antiguas pesetas sobrantes de la negociación sobre la colección Thyssen. Este dinero hubiera sido más que suficiente para renovar el Palacio del Buen Retiro.

El coste de la operación “Toledana” ha supuesto 6 ó 7 veces la cantidad citada anteriormente y los gastos de personal y mantenimiento amenazan con ahogar el futuro del nuevo Museo.

Estoy de acuerdo con el general Álvarez Carballa que el Museo de Madrid necesitaba una “poda” de parte de sus fondos, un nuevo plan museográfico y la incorporación de nuevas tecnologías audiovisuales y de otro tipo a la exposición permanente.

Por otro lado, si como se apuntó entonces se pretendía evitar que el Alcázar pasara a manos civiles, había una solución para evitarlo que consistía en mantener en Madrid el Museo con sus colecciones y crear en Toledo un Museo de España siglo XX que comprendiera todos los hechos histórico-militares desde 1898  pasando por la Guerra de África, Guerra Civil, División Azul, Ifni-Sahara y misiones de paz, con un coste mínimo y sin alterar la estructura del Alcázar y su entorno.

En aquellos momentos, 1997-98, el entonces Alcalde de Madrid, Sr. Álvarez del Manzano, ofreció como edificios alternativos en la capital para albergar el Museo la parte del Cuartel del Conde-Duque, aún sin restaurar, o el edificio del Matadero, ambos convertidos hoy en Polos Culturales de primer orden, y una vez más con un coste de acondicionamiento muy inferior al de la solución adoptada.

El traslado se lleva a cabo sin que exista una disposición legar escrita que la apoye, vulnerando la ley de Patrimonio, la carta de Toledo-Washington, las opiniones de la UNESCO, ICOMOS y la Real Academia de la Historia ya que, de acuerdo con las disposiciones de estos organismos, no se puede alterar el entorno ni las estructura de los bienes de interés cultural. De todo ello se hizo caso omiso.

El Museo del Ejército de Madrid contaba con unas extraordinarias colecciones (armas blancas, armas de fuego, banderas, miniaturas, artillería medieval, obras de arte, etc) únicas en el mundo y reconocidas así por los prestigiosos museólogos como los directores de los Museos Militares de París y Londres. Estas colecciones, forjadas a lo largo de 200 años, en la actualidad han visto cómo los fondos que la componían se dispersaban en museos regionales y organismos oficiales de todo tipo o permanecen durmiendo el sueño de los justos en los famosos “almacenes visitables”, causando un daño irreparable, haciendo que su recuperación sea imposible.

La construcción del edificio toledano se hace excavando la fachada N. del Alcázar, excavación que se inicia con bull-dozers sin tener en cuenta los restos arqueológicos que allí pudieran existir, ya que la colina del Alcázar había conocido a lo largo dela Historia asentamientos romanos, visigóticos, árabes y cristianos. Cuando aparecen los primeros restos se inicia una excavación más cuidadosa y científica que la realizada hasta entonces y dirigida por el Director del Museo Arqueológico. Debido a estos descubrimientos y ante la necesidad de conservarlos dada su importancia, hay que modificar el proyecto arquitectónico inicial, lo que supone un coste añadido a lo gastado hasta entonces.

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El resultado de todas estas operaciones ha dado lugar a un edificio frío y desangelado, de hormigón y ladrillo, que desentona con el entorno de forma escandalosa. Este nuevo Museo expone en su colección permanente no más de 5000 fondos, frente a los 25000 que se exponían en Madrid. Sus escaleras mecánicas y sus interminables pasillos no producen emoción alguna en el visitante, ni desde luego exaltan los valores éticos morales y patrióticos que un museo de este tipo debería despertar, como así era el caso del Museo de Madrid según figura en las múltiples opiniones vertidas en los libros de visitas que existen al efecto.

Prácticamente no quedan rastros de la que fue al epopeya del Alcázar, una hazaña única en la historia del siglo XX que despertó la admiración y el respeto del mundo entero. Las referencias a la Guerra Civil son mínimas y las cartelas explicativas que las acompañan a menudo tergiversan y manipulan la Historia.

Por último, quiero desmontar un argumento que se ha empleado con insistencia para justificar el traslado. Se dice que el Museo de Madrid tenía 30.000 visitantes al año y que el de Toledo tendría 300.000. La primera de las cifras es parcialmente incierta ya que , durante la década de los 90, la media de visitantes estaba en torno a los 60.000, cantidad superior a la media de visitas de los Museos Nacionales con la excepción del Prado, Reina Sofía y Thyssen, y es a partir de 1999 cuando empiezan a cerrar salas, se rompe la relación con colegios y asociaciones varias y se suprimen exposiciones y actos culturales. Es a partir de ese momento cuando el número de visitantes disminuye notablemente.

Los 300.000 famosos eran los visitantes que tenia el Alcázar en los años 90 los cuales, como final del periplo artístico por la ciudad de Toledo, deseaban visitar el despacho del Coronel Moscardó (hoy casi oculto), el Museo del Asedio, los sótanos del edificio donde se encontraban la enfermería, la capilla y las otras instalaciones para proteger a las personas asediadas. En aquel entonces había una sección Delegada del Museo de Madrid en Toledo que ocupaba parte de la planta baja y de la primera del Alcázar con unas 15 salas entre las que destacaba la de África del siglo XX. Pues bien, estas salas eran visitadas por una parte mínima de los 300.000 visitantes. Aunque esa cifra fuera cierta, de ninguna manera un criterio puramente numérico puede utilizarse como argumento para destruir 200 años de Historia en un museo único e irrepetible.

Estoy de acuerdo con el General Álvarez Carballa cuando, de forma valiente y gallarda, expone su opinión al final de la entrevista sobre el resultado último del plan museológico (carencia de emoción del museo y no destacar los valores propios del Alcázar), postura que le honra y muy propia de su condición de militar, consciente de la responsabilidad que ello entraña. Por el contrario, no soy muy optimista sobre posibles cambios en el futuro que de alguna manera recuperaran los valores perdidos.

Vivimos en tiempos difíciles en lo económico, en lo moral, en lo social, en la educación y en lo patriótico, pero la Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid, a la cual me honro en pertenecer, tiene la esperanza de que, en un día no muy lejano, Madrid podrá recuperar un Museo de Historia Militar que llene el vacío que la desaparición del Museo del ejército de Madrid ha dejado en el corazón de un gran número de españoles, especialmente los madrileños.

 

D. Juan A. Sánchez García

G. B. de Infantería (R) DEM

Ex-Director del Museo del Ejército

Publicado en la revista MILITARES, nº 97, Diciembre de 2012 

MANIFIESTO

Alcázar actual

PROEMIO

El 18 de junio de 2010 fue inaugurado, en el Alcázar de Toledo, el Nuevo Museo del Ejército. Los fondos museísticos que lo integran proceden en su práctica totalidad de la exposición permanente, almacenes y depósitos del Museo del Ejército de Madrid, que, para ejecutar las operaciones previas al traslado, había cerrado sus puertas al público cinco años antes (30 de junio 2005). En ese mismo momento, se ponía fin a más de dos siglos y medio de permanencia ininterrumpida en la capital de España, de uno de los mejores museos militares  del mundo.

CONSIDERACIONES

La totalidad de las naciones del mundo, (salvo una o dos excepciones), cuentan, en su respectiva capital, con el mejor de sus museos militares.  Se explica el hecho porque estos museos, por su contenido, trascienden el aspecto museístico, pasando a ser santuarios custodios de la Historia patria, de sus gestas, del heroísmo, abnegación y sacrificio de sus hombres, en suma constituyen el alma viva de cada pueblo, y reclaman para sede principal la capital de la Nación, junto a su respectiva Jefatura del Estado así como a la de las más altas magistraturas.

En particular, por lo que se refiere a España, cuya riqueza histórica —sin parangón entre las demás naciones—, está construida, y cimentada en buena parte, a lo largo de los siglos, por sus incontables y gloriosos hechos de Armas, hace imprescindible esta presencia del museo en la capital de la Nación. (La unidad de archivo atrae hacia sí  este Museo, junto a la Real Armería, los Museos Naval y del Aire, el Servicio Histórico, el Servicio Geográfico, las Escuelas de Guerra, los Cuarteles Generales, la Cúpula Militar, todo ello en la capital de la Nación)

Así ha sido siempre, así lo entendió unánimemente la sociedad civil española, y así lo manifestó durante estos últimos años desde la primera noticia de traslado del Museo, tratando de evitarlo, aunque sin conseguirlo. Y en esa misma línea y con igual resultado, se ha desarrollado la actividad de nuestra Asociación durante más de trece años.

LLAMAMIENTO A LA SOCIEDAD CIVIL

Este resultado adverso, materializado en la instalación del Nuevo Museo en Toledo, no desvirtúa ni hace decaer el hecho de que la capital de la Nación siga siendo el lugar idóneo para sede de su mejor museo militar. Además, en nuestro caso, concurren una serie de circunstancias que pasamos a analizar y que justifican  que nuestra Asociación se dirija a la sociedad civil española convocándola para que, de nuevo, se manifieste y, actuando a través de todos sus sectores y medios, apoye esta idea,  propiciando así que el Gobierno, consecuente con este clamor ciudadano, disponga la creación  en la capital de España de un Museo Histórico Militar del Ejército de Tierra, de titularidad estatal y categoría nacional.

Las circunstancias a que nos hemos referido y que, en principio, facilitarían los primeros pasos de nuestro proyecto, son:

a) El número de fondos que el Museo del Ejército tiene a su cargo está “en torno a 37.000 piezas”, de las que en su actual exposición permanente se exhiben solamente 4.629. El resto de los fondos (más de 30.000), están repartidos en almacenes (algunos de ellos “susceptibles de ser visitados”, previa solicitud y autorización), y el resto en “depósitos en otros museos, unidades del Ejército y en instituciones civiles”. Este elevado fondo museístico, —aun reduciéndolo tras una cuidada selección—, ofrece un número inicial suficiente para atender cumplidamente nuestro objetivo.

b) En cuanto a aspectos tales como Organización, Titularidad,  Dirección, etc. estarían resueltos de antemano con sólo considerar el futuro Museo, como un segundo cuerpo del existente en el Alcázar de Toledo. Esta figura no resultaría nueva ni extraña, puesto que, desde el año 1979, el Museo del Ejército de Madrid contaba con una Sección Delegada en el Alcázar de Toledo, que exhibió, durante cerca de treinta años,  más de 5.000 fondos.

c) Sobre la financiación, pueden seguirse,  las mismas pautas establecidas en el Acuerdo de 24 de julio de 1997 entre los Ministerios de Defensa y Cultura, para el traslado del Museo de Madrid a Toledo, por la similitud de ambas operaciones.

DISPONIBILIDAD DE NUESTRA ASOCIACIÓN

Nuestra Asociación ofrece a quienes deseen participar en este nuevo e ilusionante empeño, los medios de que modestamente dispone, habida cuenta de su condición de Asociación civil, sin ánimo de lucro, en especial su organización, la página web y el correo electrónico, así como las interesantes reuniones-tertulia de los miércoles de todas las semanas.

Madrid  enero de 2013.

ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL MUSEO DEL EJÉRCITO DE MADRID.

Registrada en la Comunidad de Madrid en 1999 con el número 19.617

Romero Robledo 12, 6º B.- 28008 MADRID.

Tfno 91 543 17 86

http://amigosmuseoejercitomadrid.com

Museo del Ejército (Quién te ha visto y quién te ve)

La práctica totalidad de la sociedad española, en sus diversos sectores, se mostró en todo momento contraria al traslado del Museo del Ejército. Se consideraba como el mayor atentado cultural de los últimos tiempos y se acumulaban muchas y poderosas razones en favor de prolongar su permanencia en Madrid, donde era uno de los tres mejores museos militares del mundo,  el primero de ellos, sin duda, en al menos cuatro de sus más famosas colecciones. Así lo describía en un artículo el General Alvarez Carballa, en valioso testimonio, por sustentarlo el mejor conocedor tanto del Alcázar Toledo como del Museo del Ejército, del que a la sazón era  Director, y a cuya orden se acometían por entonces los preparativos de desmontaje y embalaje, para el traslado del Museo, que al año siguiente (2005), cerraría su puertas al  público en Madrid:

“Se trata de un Museo con una extraordinaria riqueza de fondos, que, especialmente en aspectos como Artillería antigua, armas blancas y de fuego, colecciones como la armería de Medinaceli, o piezas como la Tizona del Cid o la espada jineta de Boabdil, y otras muchas, que harían interminable su relación, le hacen uno de los mejores del mundo. Por otra parte escenarios como el famoso Salón de Reinos, son por sí mismos piezas de Museo, y el conjunto de continente y contenido, la presencia de gloriosas Banderas y de recuerdos entrañables de nuestra Historia, ha conmovido a generaciones de visitantes que han tenido ocasión de contemplarlos. Y, desde un punto de vista museológico, se trata de un Museo de los llamados románticos (“MILITARIA”, Revista de cultura militar, nº 18, año 2004, pág. 89).

Sin causa para remover el Museo, y sin otra razón: a) para quien dio la orden de traslado que su propio criterio y capricho personal, y b) para quienes la ejecutaron, que la obediencia debida, se esperaba que, una vez en el digno y glorioso Alcázar, el Museo cumpliese  su sagrado cometido. La dolorosa y triste realidad ha sido muy otra, según describe, con su indudable autoridad, el Coronel D. J. Luis Isabel:

“Son escasos los retratos que ofrecen datos sobre los personajes que representan y lo mismo sucede con otras piezas. ¿Dónde se habla de las gestas gloriosas de nuestro Ejército, de sus victorias y derrotas en los campos de batalla, de los hechos heroicos protagonizados por nuestros soldados, de sus sacrificios y abnegación? ¿Dónde aparece el homenaje a nuestros héroes, la casi totalidad de ellos ocultos para siempre? El hecho de que se trate de un museo estatal no obliga a darle el mismo trato y sistema expositivo que el de otros museos de igual carácter. Un museo de este tipo debe saber mostrar las glorias del Ejército para que los españoles  que lo visiten se sientan orgullosos de él, y esto, siento decirlo, no se ha logrado o, lo que es peor, no se ha pretendido”. (ATENEA, nº 40 Octubre 2012, pág. 78).

Por su parte, el General Alvarez Carballa, ocho años después de su elogioso artículo sobre el Museo en su sede del Salón de Reinos,  manifiesta en una reciente entrevista:

“Un museo militar tiene que ser capaz de crear un clima, un ambiente, una emoción, de forma que, sin faltar al rigor científico o a la Historia, el visitante salga poco menos que dando Vivas a España. Me parece que no se ha conseguido. Echo en falta lo que podemos llamar emoción y, en otro orden de cosas, destacar los valores propios del Alcázar. (“MILITARES”, 96, Julio 2012, pág. 11)

Museo del Ejército, nuestro orgullo, quién te ha visto y quién te ve.

 

Alfredo García de Moya.

Octubre 2012.

Seguimos en la brecha por la defensa del Museo del Ejército de Madrid (parte 2)

[Continuación de la parte 1]

El cinco de abril de 2010 se nos emplazó, por diez días, para  presentar escrito de alegaciones, trámite que fue evacuado en tiempo y forma, el día 21 de abril. Remitiéndose el expediente,  para el mismo trámite, al Abogado del Estado, mediante 26 de abril del que se nos dio traslado del día 25 de mayo.

Durante el plazo concedido a la parte demandada, (extraña la dilación en tiempo de los hechos que, a continuación, se relatan), el día 19 de mayo de 2010 se publica el Real Decreto 636/2010 de 14 de mayo, en el que, en su párrafo cuarto dice: Finalmente, por acuerdo del Consejo de Ministros en su reunión  de 26 de julio de 1996. se dispuso  que el Palacio del Buen Retiro y su Salón de Reinos se destinasen a la ampliación  del Museo del Prado, y que el Museo del Ejército  se trasladase al Alcázar de Toledo….  

El Real decreto y la frase antes transcrita, fueron el fundamento de las conclusiones de Abogado del Estado, por lo que, teniendo constancia oficial de la inexistencia de acuerdo alguno, del Consejo de Ministros, sobre el traslado, unido a la certeza de que el día 26 de julio de 1996 no hubo tal Reunión del Consejo. Tras pedir una explicación al Ministerio de la Presidencia, que no tuvo respuesta, la Asociación interpuso querella por falsedad en documento público, contra la Sra. Vicepresidenta del Gobierno, que, con fundamento en el valor normativo del Real Decreto, fue inadmitida.

En el BOE del día 23 de octubre, se publica corrección de errores, en el que se modifica el Párrafo trascrito, para, de forma imprecisa, dejarlo como sigue: Finalmente se dispuso, lo cual nos dio la razón en cuanto a la inexistencia de la Decisión del Consejo de Ministros, pero convierte la falsedad, en que incurría el Real Decreto, en un simple error, que, sin embargo, deja sin fundamento legal el traslado. Hay coincidencia cronológica entre la corrección de errores y la inadmisión de la querella.

Al quedar el RD (en lo que al traslado se refiere) sin fundamento legal, interpusimos Recurso Contencioso-Administrativo, ante El Tribunal Supremo, pidiendo su nulidad en todo lo que se refería a la legitimación del cambio de Sede del Museo, que, como ya se dijo, era el fundamento de las conclusiones del Abogado del Estado, ante nuestra demanda en la Audiencia Nacional. Al tiempo de interponer  la demanda ante el Supremo, se solicitó, a la Audiencia Nacional, la suspensión del trámite de dictar sentencia, en tanto no se hubiese pronunciado el Alto Tribunal.

El estado actual de los recursos es el siguiente:

Audiencia Nacional. Pendiente de fijar fecha para votación y fallo.

Tribunal Supremo: Fijada fecha, para el mes de septiembre, para votación y fallo.

Aclaración de fechas: El art. 64.2 de la Ley Ritual determina que, el plazo para formular alegaciones será de diez días sucesivos para los demandantes y demandados,  nuestro escrito de conclusiones tiene entrada en la Sala el día 21 de abril, el Real Decreto se publica el 19 de mayo. Se nos comunica, el 25 de mayo, escrito de 26 de abril, que da trámite a las conclusiones del Abogado del Estado, que, emitidas el día 11 de junio, lo recogen como fundamento de su contenido.

Concentramos, actualmente, nuestra actividad  en la obtención de datos sobre el traslado, sus costes y consecuencias, daños sufridos por los fondos y costos de mantenimiento del Nuevo Museo.

AAMEM

Los problemas del museo instalado en el Alcázar

En la prensa de Toledo y en relación con el Museo instalado en el Alcázar, han aparecido unos comentarios, que es necesario matizar o corregir, en honor a la verdad, por las inexactitudes que contienen.

Dichos comentarios se refieren a los recortes en Defensa y a su incidencia en el Museo ¿del Ejército? Lo justo sería decir “el Museo instalado en el Alcázar”, pues el Museo del Ejército está ahora deshecho, con la mayor parte de sus fondos repartidos en cesiones temporales a diversos organismos, o encerrados en almacenes visitables (¿por quién? Parece ser que sólo por quien investigue algo a lo que afecten directamente). Y del Museo del Alcázar tampoco pueden verse más que piezas aisladas. (¿Dónde está el resto?). Se han deshecho el Museo del Ejército y el del Alcázar, sustituidos por una simple exposición de una pequeña parte de sus piezas, que no podemos calificar de verdadero museo militar. Y en ello se han gastado enormes cantidades de dinero, que tenemos que pensar que algo han contribuido a la grave crisis que padecemos. Y hay que añadir su costoso mantenimiento, que exige necesariamente recortes en el mismo.

Un diario que siempre nos ha merecido gran confianza por su seriedad informativa y nivel de sus artículos, nos ha sorprendido con su editorial del día 4 de abril, en que se dice: …hemos confirmado que de cierre, nada, que el museo, el más visitado de los públicos de España(1), continúa con las puertas abiertas pese a los recortes… El museo debe apretarse el cinturón, claro, como todos los españoles… Pero de ahí a que el mejor museo de historia militar existente(2), al menos a nivel europeo(3), vaya a echar el cerrojazo, nada de nada. Y el día 5, en un artículo sobre el mismo tema, dice que, según sus fuentes, se está elaborando un estudio, a petición del Ministerio, encaminado a reducir el gasto del museo ante los recortes… Asimismo habla de unas previsiones de gran número de visitas en los días festivos de Semana Santa. Y también dice que el Presidente de la Comisión de Defensa del Congreso desmintió el cierre del Museo; que apuntó la posibilidad de alguna modificación en el horario, y que aclaró que el Ministerio ha solicitado, a los jefes de los Estados Mayores de los tres Ejércitos, proyectos para reducir gastos en cualesquiera establecimientos e instalaciones… A continuación informa de que el portavoz del Ayuntamiento de Toledo manifestó no tener constancia oficial de reducción en el presupuesto del Museo y que subrayó que cualquier recorte en dicha institución supondría “un paso atrás para la cultura, el turismo y la vida económica de la ciudad de Toledo(4).

Con fecha 18 de abril, y bajo el titular Las cuentas de Defensa hacen tambalear al Museo del Ejército, un periódico digital de Toledo, cita las instrucciones para que se haga posible una reducción muy notable del gasto anual. Además dice que, según sus fuentes, … en el caso del Ejército de Tierra, es el Museo de Toledo el que se ha analizado al detalle, con el fin de evaluar un posible cierre temporal o ajustes en sus días de apertura(5).

    Sigue un comentario, con alusión a un documento en que se dice que el Museo abrirá tal número de días a la semana, a propuesta del director… que haga posible una muy notable reducción del gasto anual. Después dice que se estudia seriamente el cierre temporal del Museo, que podría ser indefinido. Y continúa: Pero el peligro no es sólo económico, y ahí está la base que podría llevar al Museo a un cierre largo y prolongado….Después dice: A los militares no les gusta el Museo..(6). al que considera (con razón) Fiel a esa manía “oenegera” de la exministra de Defensa… Y termina diciendo: Un cierre prolongado “permitiría” un rediseño del Museo. Y ahí está el peligro o la oportunidad, como ustedes gusten(7).

Como decíamos al principio, para que quede establecida la verdad, es necesario corregir las inexactitudes contenidas en los párrafos citados y aclarar algún punto más.

1)      El museo público más visitado de España es, con mucho, el del Prado. El Museo del Ejército, era el segundo en número de visitas, en la capital de España. El Alcázar era el monumento más visitado, después del Prado y el Valle de los Caídos. Unía a su maravillosa arquitectura renacentista, los recuerdos del asedio, que constituían la parte  mayor y de mayor atracción de su museo.

2)      El mejor museo de historia militar existente lo era el Museo del Ejército, en Madrid, tanto por el número como por la calidad de sus fondos, especialmente por sus colecciones, ahora deshechas. Así lo calificó un director del Museo del Ejército de Francia. Y se ha contado cómo en Inglaterra se ha dicho que para ellos ha sido bueno el traslado, porque tenían el segundo museo militar del Mundo y ahora tienen el mejor.

3)      Lo era no sólo a nivel europeo, sino mundial, pues los mejores museos militares del mundo están en países europeos.

4)      El gran paso atrás para la cultura ha sido el deshacer el Museo del Ejército y el Museo del Alcázar. Y para el turismo y la vida económica de Toledo, la nueva instalación más bien será negativa, pues el Museo del alcázar, con los recuerdos del Asedio, eran un gran atractivo, que por ahora no existe, lo que lógicamente supondrá una tendencia a disminuir en vez de aumentar su número de visitantes. Hay que ver si mantiene el enorme número de visitantes, de España, de Hispanoamérica y de Europa, e incluso de países ajenos a nuestra cultura. Para Toledo supone el haber alterado su maravilloso Alcázar, infringiendo la Carta de Venecia y la de Washington, sobre las ciudades Patrimonio de la Humanidad, con el perjuicio que ello podría acarrear a la ciudad.

5)      Naturalmente, el costoso mantenimiento del Museo instalado en el Alcázar obliga a estudiar su rebaja como sea. Ello resalta más, cuando se recuerda el bajo presupuesto que tenía el mejor museo militar del mundo, en Madrid.

6)      La instalación actual no gusta a los militares, ni a nadie que haya conocido el Museo del Ejército, el auténtico, que estaba en la capital nacional y ahora está deshecho.

Pues sí, es una oportunidad, que debería saberse aprovechar. Pero un rediseño no sería suficiente. Es necesario enmendar el enorme daño hecho a la cultura en general, a la cultura de defensa, a la Historia de España e incluso a su economía, con la enormidad del gasto hecho para deshacer, en vez de para mejorar. La crisis actual obligar a retrasar esa recuperación, pero debe tenerse presente para efectuarla lo antes posible.

AAMEM

El recuerdo del héroe de Cascorro en el antiguo Museo del Ejército de Madrid

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ACTUALIZACIÓN:

La Dirección del Museo nos ha informado amablemente de que el busto de Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro, se encuentra en la sala “La Restauración Monárquica 1874- 1923”. Más datos al final del artículo

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En toda España se recuerda a Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro, aunque casi siempre con confusión entre su nombre y el del lugar del hecho heroico que le dio justa fama, lo que prueba la frase  más mili que Cascorro. Pero poca importancia tiene eso. Lo grave e indignante es la situación que ha denunciado, entre otros, el coronel D. José Luis Isabel, en su artículo El Ejército que olvidó a sus héroes, en ABC de Toledo. Ese magnífico artículo cita a varios héroes recordados en el Museo del Ejército, en Madrid, de los que ahora no puede verse ni siquiera su nombre. El Museo del Ejército, uno de los mejores del Mundo y el mejor por sus colecciones, ha sido reducido a una parte mínima de sus fondos, no los más valiosos, ni más significativos, sin ninguna colección. Y para eso se han gastado ingentes cantidades de dinero y se han  deshecho dos museos, el Museo del Ejército citado y el del Alcázar de Toledo, el que exponía la historia del mismo y los recuerdos de la heroica gesta del asedio, con los testimonios del homenaje de promociones y comisiones españolas, hispanoamericanas, etc. Es decir, se ha gastado  dinero público en cometer tres expoliaciones, a tenor del artículo 4 de la Ley del Patrimonio Histórico Español: las de ambos museos y la del de Montjuich, en Barcelona. Tres atentados contra la Historia de España y contra la Cultura de Defensa.

Lo que ahora puede verse, más que un museo militar, es una simple exposición de piezas. Y para eso se ha gastado tanto y se han dejado de exponer las valiosísimas colecciones y los recuerdos de las gestas y los héroes, que son parte fundamental de los museos militares, que deben ser aulas vivas de Historia y sobre todo de Historia Militar.

Entre esos héroes que se han relegado al olvido, por mala fe, por ignorancia, o por ambos motivos, recordamos aquí a uno de los más populares, el Héroe de Cascorro.

Eloy Gonzalo nació en Madrid y fue depositado en la Inclusa, con ropas de buena calidad y una nota con el nombre y apellidos que se le debían imponer. Fue adoptado por un guardia civil, destinado en Chapinería (Madrid), donde residió hasta los veintiún años, con sólo dos ausencias: cuando su padre adoptivo fue ascendido y destinado a otro pueblo, del que pronto volvió; y cuando le llegó el retiro y regresó a su pueblo, del que Eloy volvió después y fue empleado de un propietario, cuyos hijos eran amigos suyos.

Fue carabinero, con destino en Estepona y Algeciras. Cuando recibió la licencia para contraer matrimonio, con el permiso de doce días, fue a ver a su novia y la encontró con un teniente del Cuerpo, en actitud de flagrante infidelidad. Él empuñó su arma,  pero los allí presentes le impidieron usarla. Fue condenado a doce años de prisión, pero se publicó un R.D. en que se indultaba a quienes, estando en prisión militar, por delito que no afectase a su honor, solicitasen destino a Cuba. Lo solicitó y fue destinado al 1er. Batallón del Regimiento María Cristina nº 63, en Puerto Príncipe (Camagüey).

Se incorporó en diciembre de 1895 y, desde el primer momento, demostró gran valor y espíritu militar. El 28 de marzo de 1896, su compañía, la 1ª, se hizo cargo del destacamento de Cascorro, a 63 Kms. al S.E. de Puerto Príncipe. La mandaba el capitán Neila de Ciria; su sección, la 1ª,  el teniente Perier, y su  pelotón el sargento Tropel.

El asedio de Cascorro empezó el 22 de septiembre de 1896. La insurrección seguía al E. de la Trocha de Júcaro a Morón, pero al O., sus restos estaban acorralados en el final de la isla. Por ello, necesitaba una victoria, por pequeña que fuera, para lo cual Máximo Gómez concentró, en la zona de Cascorro, la mayoría de las partidas de Oriente, con más  de cinco mil hombres. Al amanecer, cercaron el pueblo e iniciaron el fuego de cañón contra los tres fortines. El día 25, el capitán ordenó al teniente Perier una salida con veinticinco voluntarios, que impidió a los atacantes ocupar una casa próxima; uno de ellos fue Eloy Gonzalo. Los días 25, 27 y 28, se intimó la rendición, con buenas condiciones, siempre rechazadas; la última, por carta del marqués de Santa Lucía, su presidente de la república, con oferta de paso libre hasta Puerto Príncipe.   

El día 30, los atacantes ocuparon sigilosamente una casa a unos cincuenta metros del fortín, desde la que hacían un fuego muy efectivo. La situación era grave en extremo y la única solución era quemar dicha casa, lo que se intentó, sin conseguirlo. Entonces Eloy Gonzalo se ofreció para prender fuego a la misma, con la condición de que lo atasen con una cuerda, para tirar de él en caso de muerte. El capitán aceptó y Eloy Gonzalo, atado con una larga maroma y con una caja de cerillas y un bote de petróleo, salió del fortín, apoyado por sus disparos, fue a la citada casa, la incendió y regresó ileso. Para dispersar a los atrincherados cerca, el capitán ordenó una nueva salida, con veinte voluntarios, uno de los cuales fue otra vez Eloy Gonzalo.

La lucha continuó hasta la tarde del 4 de octubre, en que los atacantes se retiraron, al llegar una columna, tras varios días de marcha y dieciséis combates. El día 5, aún se combatió y, al amanecer del 6, la columna entró en el pueblo y liberó a sus defensores.

La noticia, publicada por El Imparcial, y después por toda la prensa, inició su fama.  

Por la defensa de Cascorro, se concedieron varias condecoraciones y el Casino Español de Puerto Príncipe hizo entrega de una medalla de plata, de notable valor artístico, a todos los defensores. Eloy Gonzalo recibió la Cruz de Plata del Mérito Militar con distintivo rojo pensionada, entonces la más alta condecoración para las clases de tropa. De Chapinería, le escribió un amigo, en nombre de todos. El Ayuntamiento de Madrid, le envió una felicitación y un donativo. Y la Junta Patriótica Españolade La Guaira (Venezuela), le envió una felicitación y un cuantioso donativo.

            El 1º de febrero de 1897, la insurrección estaba prácticamente acabada, excepto en la zona oriental dela isla. El batallón fue destacado a la zona de las ciénagas de Zapata y Macurijes, zona de selva pantanosa, muy insana. Ya no había combates, sino marchas, reconocimientos y vigilancia. A primeros de junio, él empezó a sentirse mal y no quiso ser evacuado. Pero el día 6, estaba peor y lo fue al Hospital Militar de Matanzas; allí se le diagnosticó enterocolitis ulcerosa, de lo que falleció el día 18. Lo habían respetado las balas, pero fue víctima de las insalubres ciénagas.

En diciembre de 1898, sus restos fueron trasladados a Madrid, donde recibieron un gran homenaje oficial y popular. Fueron depositados en la basílica de Atocha y después  inhumados en el cementerio de la Almudena.

El Ayuntamiento de Madrid dedicó al héroe el monumento en la plaza de Cascorro,  así llamada desde entonces, y la calle de su nombre. Y se le elevaron otros monumentos en Chapinería, su pueblo, y en San Bartolomé de Pinares, el de sus padres adoptivos.

En el Museo del Ejército de Madrid, se le dedicó un busto, en que estaba representado con su  uniforme de Ultramar. ¿Dónde está ahora ese busto, que era su recuerdo?  

Gabriel Rodríguez

P.D. La Dirección del Museo nos ha informado amablemente de que el busto de Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro, se encuentra en la sala “La Restauración Monárquica 1874- 1923”, en la forma que se ve en las fotografías adjuntas de dicho busto, su entorno y su cartela. Nos alegra saber que está bien conservado e instalado.

 

 

 

 

La contestación a las preguntas sobre la laureada que lleva dicho busto, en vez de la Medalla de Plata que ostentó realmente, es que esa laureada es la condecoración equivalente establecida en el Reglamento de Recompensas aprobado años después.