La ampliación del Prado y sus daños

El proyecto

José María Aznar va a protagonizar una iniciativa contra el Patrimonio Nacional, nada más llegar a la Presidencia, de suma importancia. La operación conocida como la ampliación del Museo del Prado va a tener dos damnificados: el barrio del los Jerónimos y el Museo del Ejército.

Fue presentada a la opinión pública, como una necesidad de espacio para exponer las pinturas almacenadas en los sótanos de la pinacoteca. Una vez terminada el director Zugaza en un arranque de sinceridad, que bien podría haber tenido antes de iniciarse la misma, señalaba que “no sabía qué utilización dar a la antigua sede del Museo del Ejército”.

el-cubo-de-moneoLos ladrillos del cubo de Moneo en los Jerónimos, se erigen con una palmaria falta de sensibilidad artística, y lo que es peor aún, soslayando la ley del Patrimonio que protege el monumento. Tampoco se tiene en cuenta la opinión mayoritariamente contraria de los vecinos del barrio, ni de arquitectos y urbanistas como Foster o Lamela que son ajenos al sustancioso negocio que supone la obra para aquellos que están bien conectados con el Patronato del Prado.

En lugar de planificar un crecimiento armónico, sin dañar el entorno o a otros sectores de nuestra cultura, como hubiera sido ampliar por el subsuelo del jardín Botánico. De manera similar a como se amplió el museo de Bruselas o el Louvre. Se optó por la peor solución practicar el canibalismo artístico y laminar dos joyas de nuestro patrimonio. Todo ello sin reparar en gastos, para la mayor gloria y vanidad de unos políticos cuya incultura solo es superada por su incompetencia.

La Justificación

Sala del Museo en Madrid 2A falta de espacio expositivo, para el Museo del Prado, era preciso presentar una razón constructiva que justificara el traslado del Museo del Ejército de su sede. La recuperación del Salón de Reinos, del palacio del Buen Retiro, fue la idea propuesta. Para ello Aznar contó con la inestimable colaboración de dos prestigiosos hispanistas: J.Brown y J.H. Elliott.

Ambos en un ejercicio de arqueología palaciega, basándose en el relato del comerciante inglés Robert Bargrave que lo visitó en el invierto de 1954 – 55, establecen la hipótesis de la existencia de una balconada interior que circunvalaba todo el Salón y permitía la celebración de obras teatrales, dándole así a la estancia una doble utilización: salón del trono por el día, y corral de comedias por la noche, algo similar a “Belle de Jour”. Esta “recuperación” fue recibida de manera entusiasta por el Gobierno, con Miguel Ángel Cortés oficiando de ponente.

Existen numerosos elementos que permiten rechazar la hipótesis anterior:

  • No es plausible que el salón del trono sea utilizado como teatro, cuando sabemos la existencia de una estancia as hoc, el coliseo, a pocos metros y dentro del palacio “los reyes se entretienen en el Buen Retiro oyendo las comedias en el coliseo” (Pellicer, Avisos históricos Semanario Erudito 1640).
  • Tampoco era el Buen Retiro una construcción que tuviera falta de espacio y esa doble utilización iba contra la etiqueta y protocolo de la Casa de Borgoña y si se tiene en cuenta el comportamiento de la época en esas representaciones “en la cazuela de las mujeres han echado entre ellas ratones en cajas… y las damas se entretenían tirando huevos plateados llenos de agua de olor…” (Pellicer Op. Cit.)
  • La existencia de una balconada hubiera reducido el Salón de Reinos en lugar de engrandecerlo y la circulación de personas no hubiera sido posible a causa de la etiqueta (cubiertos ante el Rey solo los Grandes de España y por encima de él, nadie).
  • Los cuadros de Zurbarán no cabrían en el espacio existente entre balcones y ventanas si se añade una balconada interna.
  • “Los reyes estaban en la eminencia de las puertas” (Manuel Gallegos, Silva topográfica 1637), es decir sobre las puertas y no junto a ellas como les coloca Brown y Elliott, para poder poner su balconada.
  • Brown y Elliott justifican que Bargrave en su relato no haga mención de las pinturas del Salón “porque en invierno éstas solían sustituirse por tapices en los palacios españoles”. No obstante, si se continua con el relato “se ve que hay otra larga galería con gran copia de pinturas”. Por ello es difícil de aceptar, que siendo el principal motivo decorativo del Salón de Reinos los retratos reales, las pinturas de batalla y los trabajos de Hércules de Zurbarán; fueran sustituidos por tapices en invierno y no ocurriese lo mismo con otras estancias menos representativas del palacio. Sería renunciar la mitad del año al mensaje subliminal que se quería trasmitir a los embajadores y enviados extranjeros a través de las pinturas.  Objetivo principal del Conde-Duque y como lo realizó Velázquez al decorar el Salón.
  • Antonio Ponz en su obra Viaje de España (1793), en la parte dedicada a los Reales Sitios no hace ninguna mención a la balconada siendo por otra parte un relato pormenorizado y meticuloso de todo aquello que es reseñable en los diferentes palacios. Tampoco Gallegos (1637), Conca (1797), Mesonero Romanos (1867), Elías Tormo (1912), Marañón (1940), y Pantorba (1955) encontramos la menor referencia a la balconada interior.
  • El conde de Maule en su obra Viaje por España, Francia e Italia (1812), describe con detalle el Salón de Reinos en la época que lo visitó, 1812, se llamaba Sala de Cortes al encontrarse entonces el Salón del Trono en el palacio de Oriente. No menciona ninguna balconada interior en dicho espacio, aunque más adelante al hablar del teatro de palacio (coliseo) dice textualmente “la platea es de bastante extensión, circuida de cinco órdenes de palco, con su balaustrada, doradas”. No es lógico que describa con todo detalle las balaustradas de un teatro, cuya existencia es normal, para pasar por alto “otra” en el antiguo Salón del Trono, cuya construcción hubiera sido completamente novedosa.

Todos estos autores reseñan meticulosamente el palacio de Buen Retiro, y sus testimonios además de coincidir entre sí, coinciden también con las principales fuentes del siglo XVII que poseemos: Manuel Gallegos y J. Pellicer. Testimonios que están en consonancia con la costumbre en la construcción de los palacios en España y la etiqueta borgoñona de uso en la corte. EN resumen, todas ellas son más fiables que el relato de un comerciante inglés, en el que se basan Brown y Elliott para sustentar su hipótesis. Lo más sorprendente, es que los elementos indicados estaban al alcance de estos autores si se hubieran molestado lo más mínimo en buscarlos.

La recuperación del Salón de Reinos supondría una inversión cuantiosa en un proyecto con escaso valor cultural, aunque sí curioso. Por un lado sería preciso trasladar varias pinturas desde el Museo del Prado: 6 de Velázquez (los 5 reales y la rendición de Breda), los 11 de Zurbarán, 2 de Leonardo, 1 de Pereda, 1 de Mayno, 3 de Carducho, 1 de Castello y 1 de Cajés.

Todas las pinturas fueron pintadas para dar una impresión de conjunto, pues lo importante era el mensaje político, no su contemplación singular. Por ello la parte inferior de los cuadros de batalla y de los trabajos de Hércules están por encima del dintel de las puertas. Si se coloca la balconada propuesta por ambos autores, los cuadros bajan y su contemplación es acorde a nuestra época, pero no con la ideada con Velázquez en el siglo XVII. Aquí reside la curiosidad del proyecto, construyendo la balconada interna se logra la contemplación singular de las pinturas, aunque construyendo el Salón de Reinos que nunca existió.

Un Poco de Historia

El museo a pesar de su denominación no es propiedad del Ejército de Tierra, sino que como todos los museos nacionales sus titularidad pertenece al pueblo español.

Fue el primer museo nacional que se fundó en España en 1803. Ocupó unas estancias del palacio de Monteleón, colindante con el parque de Artillería.

Cinco años después, el 2 de mayo, los soldados allí destinados se unirían al pueblo de Madrid para enfrentarse a las tropas napoleónicas de ocupación. La mayor parte de ellos sucumbirían en el intento, los restantes serían fusilados al día siguiente en las tapia del Retiro. Este solo hecho lo hace único. Es el único museo existente en el mundo, que con su personal y sus fondos se ha enfrentado a un invasor. No obstante su importancia cultural no radica únicamente en este retazo de nuestra historia sino en la calidad de los fondos que posee, más de 33.000.

En 1813 tiene lugar la huida de España del rey José I y en su equipaje traslada a Francia el mayor expolio cometido contra nuestro patrimonio cultural de toda nuestra historia. Un año después el museo será instalado en el palacio de Buenavista, antigua residencia de Godoy. El general Espartero, después del abrazo de Vergara decide instalarse allí y los fondos del museo se colocaron en la crujía norte del palacio de Buen Retiro. Era lo único que quedaba en pie, además del Casín y la iglesia de los Jerónimos, después del paso de los franceses por Madrid y de utilizar como cuadras para la caballería de Murat el palacio que el Conde-Duque ofreció a Felipe IV

La formación, consolidación y crecimiento del museo tiene lugar en el siglo más difícil de nuestra historia, en las condiciones más adversas que imaginarse puedan. En cien años, España atraviesa por: tres guerras civiles, cuatro abdicaciones, un derrocamiento, una república, dos instauraciones monárquicas, dos restauraciones borbónicas, siete constituciones, dos invasiones extranjeras, la pérdida del imperio americano y de oriente, una guerra con EEUU, cuatro regencias y numerosos pronunciamientos militares.

Catálogo impresionante de inestabilidad política que obliga a rendir testimonio de admiración a todos aquellos que con su trabajo lo hicieron posible y que fueron capaces de salvaguardar y legarnos un Patrimonio Histórico de incalculable valor. Cuya conservación y transmisión a las sucesivas generaciones nos corresponde, ineludiblemente, hoy a nosotros.

Al poseer este museo el carácter y contenido de la historia general de España, su sede natural es la capital de la nación. Además existe otra razón y es que llevaba en ella más de 200 años y los museos no son circos para trasladarlos de ciudad en ciudad. Hasta la fecha nadie ha dado una razón cultural que justifique su traslado. Había otras opciones para incrementar el espacio del museo del Prado y el proyecto para la “recuperación” del Salón de Reinos, como he demostrado más arriba se sustentaba en una falsedad, eso sí avalada por dos prestigiosos hispanistas a quienes el Consejo de Ministros condecoró por si consejo con dos Grandes Cruces. Lo que cobraron lo desconozco. Por todo ello, creo que sería justo darle al señor Aznar el segundo puesto en la lista de expoliadores de nuestro Patrimonio Nacional, que hemos tenido a lo largo de nuestra historia, justo detrás del rey José I.

El Traslado

ihycm-2834-b-gExiste un aforismo que señala que el traslado de un museo equivale a la mitad de un incendio. Contemplando lo sucedido con la Tizona, con la colección de Medinaceli, con la hoploteca y con la colección de artillería; no puede tildarse de exagerado el aforismo anterior.

Nadie ha dado una razón plausible que justifique el traslado a Toledo, ni de su ubicación en el Alcázar. El único dato que poseo es que el alcalde de Toledo en la época era también compañero de estudios de Aznar. Según pasan los años parece confirmarse que el que después sería Presidente del Gobierno, en su juventud iba con malas compañías.

El Alcázar de Toledo ya tenía su propio museo de historia militar, además del pequeño museo en torno al asedio que sufrió en los inicios de la última guerra civil.

La decisión del traslado es, en mi opinión, un error que presenta múltiples aspectos:

  • El urbanístico. la obra de ampliación ha desvirtuado el espacio de la plaza de Zocodover. Toledo es patrimonio de la humanidad, concedido por UNESCO, al igual que en Madrid con el barrio de los Jerónimos se ha vulnerado la legislación que protege a la ciudad de obras que no estén debidamente avaladas. Las autoridades municipales y autonómicas, de ambas ciudades, han prestado su colaboración entusiasta a estos dos desafueros.
  • El arqueológico. Al removerse yacimientos celtas, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos de una manera nada ortodoxa.
  • La económica. Al situar a gran parte del museo en el subsuelo del Alcázar y pegado al cauce del Tajo, será necesario invertir una gran cantidad de recursos para conservar unos fondos, que en su mayor parte son metálicos o textiles. Una elección por encima del suelo y alejada del río hubiera sido más idónea.
  • La política. Ubicar el principal museo de la historia de España en uno de los edificios más emblemáticos, de uno de los bandos contendientes de la última guerra civil, todavía no superada, provocará rechazo. Un museo de historia debe aspirar a ser un lugar de encuentro, no de confrontación.
  • La museológica. En su sede anterior las piezas expuestas eran unas 27.000, en Toledo son 6500 y los criterios expositivos no son didácticos, sino estéticos.

Si se hubieran utilizado adecuadamente los magníficos yacimientos arqueológicos encontrados en el Alcázar. Podría haberse ideado un museo sobre la evolución cultural de la península ibérica, a partir de las diferentes técnicas de fortificación que poseían las civilizaciones que pasaron por Toledo. Ese museo de nueva planta y concepción, sí hubiera enriquecido el patrimonio toledano y nacional en lugar de deteriorarlo.

La salida del Museo del Ejército de Madrid ha significado privar al eje Prado Recoletos de un patrimonio que tiene desde hace más de 200 años, y lo que es peor dividir unas colecciones y perder unos fondos que son insustituibles. Además su nueva ubicación causará un efecto negativo y perdurable sobre la percepción que algunos ciudadanos tienen de sus Fuerzas Armadas.

Diego Camacho López-Escobar

 

 

La Colección de Armas de Fuego portátiles del Museo del Ejercito (parte 4)

[Continuación de la tercera parte]

En 1818 un austriaco llamado von Augustin, coronel del ejército austriaco, patentó un sistema que fue adoptado como reglamentario por dicho ejército. Utilizaba unos fulminantes dentro de unos pequeños cilindros de cobre o zinc, los cuales se introducían en el oído del cañón el cual había sido agrandado ligeramente a este fin, las mordazas del gatillo transformadas en martillo y del rastrillo se había eliminado el “fusil”, como se llama a la pala del rastrillo y del que posteriormente tomó el nombre el arma de infantería, conservando la parte inferior o “cobija” que sujetaba el fulminante y que al golpear sobre ella el martillo producía la explosión del fulminante. De este sistema Von Augustin y como armas reglamentarias de Austria el Museo tiene un fusil de Infantería Mod. 1848 y una tercerola y una pistola ambas del Mod. de 1852.

En 1816 un inglés residente en EEUU llamado Joshua Saw, pantentó el sistema que se reveló como más eficiente; consistía en unas copas cilíndricas de metal (cobre, zinc o latón) de unos cinco mm de diámetro y unos siete de longitud, en cuyo fondo se depositaba una cantidad de fulminato de mercurio sellada con una gota de goma laca para su fijación e impermeabilización. Dichos cilindros, llamados pistones, se fijaban a una pieza de acero cuyo interior estaba taladrado de parte a parte por un orificio de un mm aproximadamente. Esta pieza, llamada chimenea, se enroscaba por su parte interior a una protuberancia del cañón, llamada bombeta; una vez cargado el cañón con pólvora y munición o bala, se fijaba un pistón en la chimenea y al ser golpeado por el percutor estallaba el fulminato haciendo arder la carga y produciendo el disparo.

El Museo alberga una gran cantidad de armas cortas y largas con llave de percusión por lo que elegir una como su representación se hace difícil. Pero hay una que se destaca no por alguna peculiaridad del mecanismo, pero si por su cañón; ya se había dicho la bondad de los cañones fabricados por los arcabuceros de Madrid durante los siglos XVII, XVIII y primer tercio del XIX, los cuales se pagaron a precio de oro y que fueron falsificados en múltiples ocasiones.  El arma elegida presenta esa condición, por lo que indirectamente supone un homenaje a los Arcabuceros Madrileños; se trata de una carabina de caza centroeuropea, probablemente austriaca por su aspecto y contextura, que tiene un cañón ochavado piramidal con el brocal y la recámara dimensionados o abocinados, con siete estrías o ranuras y con las facetas o generatrices repicadas a cincel para evitar los brillos al incidir la luz en las superficies pulidas estando aún pavonadas, tiene una mira con alza de corrección micrométrica por tornillo en altura, la corrección en dirección se practica por el punto de mira bajo la regla mnemotécnica de los tiradores de precisión. Para la corrección en dirección por el alza se mueve ésta hacia adonde se quiere que vaya el tiro y por el punto moviendo éste hacia adonde va el tiro. El cañón tiene la siguiente leyenda nielada en oro “Diego Esquivel/ en Madrit/ ano de 1803”. Junto a las faltas de ortografía, Madrit y ano, Diego Esquivel, citado por Isidro Soler como arcabucero conspicuo aunque no fuera Real, murió el 26 de enero de 1732, así que como no estuviera imbuido por el espíritu del Cid que venció batallas después de muerto, según la leyenda, no es posible que Esquivel hiciera este cañón, pero en cualquier caso demuestra la importancia de los cañones de Madrid que fueron, como se ha dicho, falsificados por su bondad.

En la segunda mitad del Siglo XVIII aparecen una serie de medios técnicos, la máquina de vapor, la lanzadera mecánica, la hilandera de algodón, entre otros que provocaron la llamada Revolución Industrial. En esta fase de la historia, la tecnología da un paso de gigante y los medios de producción junta a la imaginación desbordante de muchos intelectuales, provocan una avalancha de ingenios que se traducen en avances en todos los órdenes, y como no podía ser menos, en el mundo de las armas. Lo que en unos 250 años se había mantenido con pocas variaciones, se precipitó en una catarata de distintos inventos casi atropellándose unos a otros.

En 1812 un suizo residente en París que se encontraba a la sazón trabajando en un proyecto tendente a lograr un dispositivo que permitiera dirigir a los globos con independencia del viento, patentó un modelo de culata y un cartucho que resolvía el problema, arduamente buscado desde siempre, de la carga por culata o retrocarga. Se llamaba Joanes Pauly; el sistema consistía en una culata móvil fijada por una bisagra, lo que permitía que girara sobre este eje, y que contenía una aguja percutora envuelta por un muelle espiral la cual se comprimía a voluntad y que la aguja era lanzada por el muelle con violencia cuando se apretaba la cola del disparador (en puridad armera así se llama a lo que vulgarmente se nombra como gatillo) para producir el disparo. Junto a esa culata diseñó y patentó un cartucho formado por un cilindro de cartulina que contenía la carga de pólvora, un taco de borra y la munición o la bala; el conjunto estaba sujeto en su parte posterior por un casquillo de latón que tenía un orificio en su base donde se ponía una píldora fulminante (formada por fulminato de mercurio amalgamado con goma laca). Cuando se producía el disparo merced a la presión de los gases de la pólvora el casquillo de latón se dilataba obturando totalmente la recámara e impidiendo el escape de gases por la culata.

La Sociedad de Fomento de la Industria Nacional hizo unas pruebas con este arma y concluyó que se podían hacer hasta doce disparos por minuto. Napoleón se interesó por el arma, pero como quiera que estuviera preparando la invasión de Rusia en su ánimo pesó la cuestión logística. Si para municionar a la ropa requería de X carros para armas que realizaban cuatro disparos por minuto a lo sumo, para armas que triplicaban la cadencia de juego tendrías que triplicar los carros y eso salía de sus posibilidades. Además Napoleón, que era un excelso estratega y táctico, consideraba que el arma del soldado tenía como misión principal defender psicológicamente a éste y ofender en el mismo sentido al enemigo. En el Museo y con el nº 33206 hay una magnífica escopeta de dos cañones sistema Pauly.

El sistema de Pauly se extendió ampliamente y un joven alemán, John Nickolaus von Dreyse, que había trabajado con Pauly entre 1809 y 1814 contribuyó de forma ostensible al desarrollo de las armas de retrocarga. De forma casual mientras examinaba un fulminante, descubrió lo que sería llamado el fusil de Aguja.

Needle_gun_cartridgeConsistía éste en un proyectil ovoidal que en su parte inferior, la más ancha, tenía fijado un salero (así se llamaba una pieza de madera con una concavidad semiesférica) en la que se fijaba un fulminante. En éste proyectil se introducía por la parte citada en un cartucho de papel nitrado que contenía la carga de pólvora; el arma tenía una aguja de unos 5mm, de la que sobresalía otra de unos 2 mm de grueso. La parte gruesa iba envuelta por un muelle espiral y conectada a un manubrio con pulsador al exterior del cañón; moviendo el pulsador de adelante hacia atrás la aguja retrocedía y comprimía el muelle al mismo tiempo quedando fijada al disparador por un diente; al apretar el disparador, la aguja era lanzada por la descompresión del muelle y atravesaba la carga de pólvora hasta incidir en el fulminante haciéndolo explosionar y prendiendo la carga produciendo el disparo.

De esta forma la carga ardía de adelante hacia atrás quemando toda la carga de pólvora, lo que no se producía tan completamente con las cargas tradicionales en las armas de precisión, en las que al arder la carga de atrás hacia delante ocasionaba que a veces, parte, mínima desde luego, fuera expulsada del cañón sin arder. El único inconveniente residía en que la aguja acababa torciéndose, partiéndose u oxidándose hasta quedar inútil.

Dreyse hizo aparecer este sistema entre 1827 y 1829 con una carabina de antecarga. Este modelo es difícil de encontrar pero el Museo tiene uno con el número de inventario de 33578. En 1837 lanzó un nuevo modelo con una culata móvil cilíndrica que contenía la aguja y el muelle en espiral, y que llevaba adosada un manubrio para su manejo, que por su semejanza con los usados en las puertas se le llamó cerrojo.

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[Continuará…]

 

Seguimos en la brecha por la defensa del Museo del Ejército de Madrid (parte 2)

[Continuación de la parte 1]

El cinco de abril de 2010 se nos emplazó, por diez días, para  presentar escrito de alegaciones, trámite que fue evacuado en tiempo y forma, el día 21 de abril. Remitiéndose el expediente,  para el mismo trámite, al Abogado del Estado, mediante 26 de abril del que se nos dio traslado del día 25 de mayo.

Durante el plazo concedido a la parte demandada, (extraña la dilación en tiempo de los hechos que, a continuación, se relatan), el día 19 de mayo de 2010 se publica el Real Decreto 636/2010 de 14 de mayo, en el que, en su párrafo cuarto dice: Finalmente, por acuerdo del Consejo de Ministros en su reunión  de 26 de julio de 1996. se dispuso  que el Palacio del Buen Retiro y su Salón de Reinos se destinasen a la ampliación  del Museo del Prado, y que el Museo del Ejército  se trasladase al Alcázar de Toledo….  

El Real decreto y la frase antes transcrita, fueron el fundamento de las conclusiones de Abogado del Estado, por lo que, teniendo constancia oficial de la inexistencia de acuerdo alguno, del Consejo de Ministros, sobre el traslado, unido a la certeza de que el día 26 de julio de 1996 no hubo tal Reunión del Consejo. Tras pedir una explicación al Ministerio de la Presidencia, que no tuvo respuesta, la Asociación interpuso querella por falsedad en documento público, contra la Sra. Vicepresidenta del Gobierno, que, con fundamento en el valor normativo del Real Decreto, fue inadmitida.

En el BOE del día 23 de octubre, se publica corrección de errores, en el que se modifica el Párrafo trascrito, para, de forma imprecisa, dejarlo como sigue: Finalmente se dispuso, lo cual nos dio la razón en cuanto a la inexistencia de la Decisión del Consejo de Ministros, pero convierte la falsedad, en que incurría el Real Decreto, en un simple error, que, sin embargo, deja sin fundamento legal el traslado. Hay coincidencia cronológica entre la corrección de errores y la inadmisión de la querella.

Al quedar el RD (en lo que al traslado se refiere) sin fundamento legal, interpusimos Recurso Contencioso-Administrativo, ante El Tribunal Supremo, pidiendo su nulidad en todo lo que se refería a la legitimación del cambio de Sede del Museo, que, como ya se dijo, era el fundamento de las conclusiones del Abogado del Estado, ante nuestra demanda en la Audiencia Nacional. Al tiempo de interponer  la demanda ante el Supremo, se solicitó, a la Audiencia Nacional, la suspensión del trámite de dictar sentencia, en tanto no se hubiese pronunciado el Alto Tribunal.

El estado actual de los recursos es el siguiente:

Audiencia Nacional. Pendiente de fijar fecha para votación y fallo.

Tribunal Supremo: Fijada fecha, para el mes de septiembre, para votación y fallo.

Aclaración de fechas: El art. 64.2 de la Ley Ritual determina que, el plazo para formular alegaciones será de diez días sucesivos para los demandantes y demandados,  nuestro escrito de conclusiones tiene entrada en la Sala el día 21 de abril, el Real Decreto se publica el 19 de mayo. Se nos comunica, el 25 de mayo, escrito de 26 de abril, que da trámite a las conclusiones del Abogado del Estado, que, emitidas el día 11 de junio, lo recogen como fundamento de su contenido.

Concentramos, actualmente, nuestra actividad  en la obtención de datos sobre el traslado, sus costes y consecuencias, daños sufridos por los fondos y costos de mantenimiento del Nuevo Museo.

AAMEM

Seguimos en la brecha por la defensa del Museo del Ejército de Madrid (parte 1)

Dadas las circunstancias que rodean el traslado del Museo al Alcázar de Toledo, y dado el tiempo transcurrido desde su inauguración, se hace necesario poner en conocimiento de nuestros socios, colaboradores y amigos, cual es la actitud y actividad que, contra el desatino que consideramos el traslado, venimos manteniendo.

Empezaremos por hacer un pequeño resumen de las actuaciones, para llegar al estado actual de los Recursos emprendidos, que son dos como ya se dirá, y que, una vez explicada la petición que contienen y los motivos que las fundamentan, pasaremos a  dar conocimiento de la situación en que se encuentran.

Como saben, iniciamos nuestra lucha, en vía administrativa desde que tuvimos conocimiento de la intención de trasladar nuestro Museo,  por si la Sede era necesaria al Museo del Prado, para una posible ampliación del mismo, lo que es el origen de todo el Traslado, que ha durado quince años, con la esperanza puesta en que, con el cambio de Gobierno por el del Partido Popular, quedase sin efecto la idea del traslado.

Al hacerse cargo del gobierno el Presidente D. José María Aznar, nuestras esperanzas se vieron frustradas, al decidir el Sr. Presidente, de una forma bastante extraña y con omisión de los trámites de consulta de los Órganos al efecto, decidió el traslado al Alcázar de Toledo.

Tras los trámites correspondientes, el recurso en vía Administrativa, fue desestimado por resolución de 10 de enero de 2007, por lo que  se procedió a presentar Recurso Contencioso-Administrativo, ante la Sala correspondiente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que lo admitió a trámite. La demanda se formalizo el día nueve de diciembre de 2008.

Tras practicarse la prueba que, propuesta por esta parte, fue admitida, el Tribunal Superior de Justicia se inhibió en favor de la Audiencia Nacional, cuya Sala de lo Contencioso-Administrativo se hizo cargo del expediente.

[Continuará en el siguiente post]

AAMEM

Recuperación del Salón de Reinos, un legado que se debe conservar

Una desgraciada y poco estudiada iniciativa, adoptada en 1996, ha dado como resultado  la desaparición del Museo del Ejército que se encontraba en Madrid, donde fue fundado en 1803 y en cuya defensa participó en 1808.

Las colecciones que hacían de él el mejor dotado del mundo han ido a parar en parte a un horrendo adefesio que rompe la estética del Alcázar de Toledo, destrozando de este modo la imagen de aquel monumento; simultáneamente se han desperdigado por diversos establecimientos parte de sus piezas, en tanto que un pequeño número de las mismas  quedan expuestas al público en condiciones precarias y sin el menor respeto a la verdad histórica que representan.

Entretanto, el Ala Norte de lo que fue Real Palacio del Buen Retiro permanece sin utilización aparente a pesar de que el pretexto para expulsar de allí el Museo del Ejército era la supuesta restauración en sus estancias de lo que fue Salón de Reinos, decorado en tiempos de Felipe IV con retratos reales y cuadros de batallas, entre otros la Rendición de Breda de Velázquez.

Independientemente de las sentencias que dicten tanto el Tribunal Supremo como la Audiencia Nacional en cuanto a la falta de fundamento legal de las lamentables y costosas operaciones realizadas, esta Asociación propone volver a la idea expuesta por Elías Tormoen 1912 para  restablecer en lo posible el Salón de Reinos, utilizando el resto de las estancias de dicha Ala Norte para exponer  en ellas una parte de las armas, banderas y uniformes representantes de lo que fueron los Ejércitos de la Monarquía española en los siglos XVI y XVII, coetáneos con el Salón de Reinos  en el momento en quela Monarquía alcanzó la cumbre de su poder militar.

Entendemos que  con esta actuación se remediaría en lo posible el tremendo daño causado a nuestro patrimonio histórico y cultural; la capital de la Nación recuperaría parte del  patrimonio expoliado y conservado en Toledo fuera de la vista del público en condiciones que se desconocen, y simultáneamente el Museo del Prado podría presentar el conjunto de cuadros, algunos de gran valor, que volverían al Salón de Reinos, lugar para el que fueron realizados.

Esperamos que esta idea sea apoyada por los ciudadanos españoles y singularmente por quienes son responsables y administradores de nuestro patrimonio cultural e histórico como las Reales Academias y el propio Museo del Prado.

El 2 de Mayo de 1808 y el Museo del Ejército de Madrid por don José Durán Moreno (Parte 3)

Continuación del artículo “El 2 de Mayo de 1808 y el Museo del Ejército de Madrid” publicado en la revista Comunidad Madrileña en mayo de 2004. La primera parte de este artículo se puede consultar pinchando aquí.

Hoy se levanta un monumento a los Héroes de la Independencia del arquitecto D. Isidoro Velázquez, que fue inaugurado en 1840, en donde descansan los restos de los anónimos patriotas de esa gloriosa gesta junto con los de los capitanes Daoíz y Velarde y del teniente Ruiz en la plaza de la Lealtad (en donde fueron fusilados muchos mártires de la independencia española en 1808) junto al Paseo del Prado. En uno de los frentes del citado monumento se halla una lápida que dice: “Las cenizas de las víctimas del Dos de Mayo de 1808 descansan en este campo de la lealtad, regado con su sangre. ¡Honor eterno al patriotismo!”. En otro frente se lee la inscripción: “A los mártires de la Independencia española, la Nación agradecida. Concluido por la muy heroica Villa de Madrid en el año MDCCCXL”.

Las primitivas urnas funerarias de los Capitanes Daoís y Velarde y algunos de los cañones que tomaron parte en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón y del Museo pueden contemplarse hoy en el actual Museo del Ejército de Madrid junto a otros recuerdos de los héroes de la Guerra de la Independencia.

Hemos querido resaltar esta gloriosa gesta del dos de Mayo para tratar de concienciar a nuestras autoridades, tanto del Gobierno de la Nación como de la Comunidad para que recapaciten sobre el descabellado proyecto sin fundamento legal, científico, histórico o cultural que supondría privar a la capital de España de este magnífico museo en el caso hipotético de su traslado a Toledo.

La Comunidad de Madrid ha hecho de esta fecha su Día de la Comunidad y los madrileños la conmemoramos y recordamos como una fecha muy nuestra.

Contra el proyecto de traslado del Museo del Ejército se han opuesto entre otros, La Real Academia de la Historia, La Española y otras Reales Academias, Institutos e Instituciones, personalidades, la Federación de Municipios de Madrid que representa a los 179 Ayuntamientos de la Comunidad, así como los miles de personas que con sus firmas apoyan la permanencia en Madrid del Real Museo Militar hoy Museo del Ejército.

Esperamos por el bien y la responsabilidad en la conservación de nuestro Patrimonio Histórico, los madrileños y todos los españoles, podamos seguir visitando en Madrid el Museo del Ejército que por el valor de sus colecciones está catalogado como uno de los mejores del mundo.

 

 

El 2 de Mayo de 1808 y el Museo del Ejército de Madrid por don José Durán Moreno (Parte 2)

Continuación del artículo “El 2 de Mayo de 1808 y el Museo del Ejército de Madrid” publicado en la revista Comunidad Madrileña en mayo de 2004. La primera parte de este artículo se puede consultar pinchando aquí.

La parte del edificio donde estuvo instalado el museo fue asaltada por los soldados del Mariscal Murat. Cuando entraron en el Parque de Artillería la matanza fue total, pasando a cuchillo a todos los supervivientes y saqueando las colecciones del Museo. Era como si quisieran borrar un pasado glorioso, sin darse cuenta de que el pueblo español estaba escribiendo, con esta gesta, una de las más gloriosas páginas de nuestra Historia. Si los cuarteles o dependencias militares contaran con “Hojas de Servicios”, debería figurar en la primera hoja ésta del Museo del Ejército con la inscripción de “Valor Heroico”, por su vinculación en la defensa del Parque de Artillería y del pueblo de Madrid en la memorable gesta del Dos de Mayo de 1808.

El hecho de que el Real Museo Militar entrara en combate es único en la Historia Militar del Mundo.

¿Cómo vamos a poder olvidar a los militares y empleados del museo, que murieron en el combate, o fueron pasados a cuchillo por los franceses y que dieron generosamente su vida por la libertad y la defensa de la Patria? Tampoco debemos olvidar a aquellos hombres, mujeres y niños que acudieron a la defensa del Parque, entre ellos a Clara del Rey, Manuela Malasaña, Benita Pastrana, Ramona García Sanchez, Ángela Fernández y a un cadete de la Segunda Compañía del Tercer Batallón de Voluntarios de Estado Juan Vázquez y Afán de Rivera, de doce años de edad, Alfonso Esperanza Reluz de once años y tantos otros que harían esta lista interminable.

Existe un bello monumento “Al pueblo de Madrid del Dos de Mayo” de Aniceto Marinas al principio de la calle Ferraz, frente a la Iglesia de los Carmelitas.

La noche del 2 al 3 de Mayo de 1808, fue de terror en Madrid, no cesando los fusilamientos tanto en la Montaña del Príncipe Pío, que ha sido fielmente recogido por Goya en su célebre cuadro “Los fusilamientos en la Montaña del Príncipe Pío el Dos de Mayo”, del Museo del Prado de Madrid, como en las tapias del Retiro (existe un cuadro en la Iglesia de Jesús de Medinaceli que puede representar estos fusilamientos) pero la orden del Mariscal Murat era la de fusilar a todo ciudadano del que se sospechase había tomado parte en la revuelta.

El parte del día 3 de Mayo de 1808 del Comandante de las Fuerzas al Capitán General de Madrid informándole de la toma del Parque de Artillería de Monteleón es el siguiente: “Las tropas francesas se han apoderado de la Artillería, almadenes, Museo y la caja de caudales…”

(Continuará en la parte 3)

Comentarios sobre el nuevo Museo del Ejército por don Apolo Ruiz de Azcárate

Desde mi punto de vista,  como guía titulado de Museo con muchos años de experiencia, puedo relatar algo  sobre la visita que he realizado recientemente al Museo del Ejército en  Toledo, insisto solo desde  el punto de vista museístico, no histórico.

En primer lugar en ningún Museo, la librería se encuentra  a la entrada del mismo porque se supone que la posible adquisición de recuerdos se decide una vez visitado el Museo y no al llegar.

Inadmisible en cuanto al respeto y  conservación de monumentos históricos, según las normas de la UNESCO suscritas por España, ha sido la forma en que se ha adulterado la pétrea fachada norte  del Alcázar al adosarle debajo una horrible construcción de mármol que contrasta con el resto del edificio adulterando el conjunto.

Una vez dentro del Museo  los letreros resultan de un tamaño tan pequeño que hace falta una lupa  para leerlos lo cual puede ser una ventaja dada la tergiversación de los hechos que contienen; para colmo, la mayoría  están colocados en  lugares  que  no hay quien los lea, dado su difícil acceso.

Las pocas salas dignas de ese nombre, pues gran parte de la escasa superficie expositiva se sitúa en pasillos, parecen pertenecer a un hospital, por lo blanco de sus paredes.

En lo relativo a la señalización interior, las direcciones están tan poco claras que es preciso preguntar a los vigilantes y, si no se encuentran, es posible que alguien se pierda y se pase tres días en el Museo  sin poder salir.

Es lo que puede decir desde el punto de vista antes indicado; en su conjunto el Museo como tal no me ha gustado nada. Una lástima y un dispendio inútil.

 
Apolo Ruiz de Azcárate