El Desguace del Museo del Ejército

El dia 2 de febrero de 1999 se produjo en Toledo la presentación de lo que iba a ser el nuevo Museo del Ejército que iba a radicar, según decían, en el Alcázar de aquella ciudad. Abrió el acto quien era Director del Instituto de Historia y Cultura militar, general Peñaranda y Algar, quien iba a ser el promotor y ejecutor de lo que se proyectaba; cerraron el acto el Sr. Rajoy,  a la sazón Ministro de Educación y Cultura, y el Sr. Eduardo Serra, entonces Ministro de Defensa. Sus palabras no pasaron del ditirambo a su Presidente del Gobierno y de la alusión a  un “proyecto ambicioso, riguroso y novedoso”. El resultado ha sido la desaparición del Museo, lo cual ciertamente es una rigurosa novedad en el mundo museístico.

Para conmemorar tan importante suceso publicaron con gran aparato tipográfico un amplio folleto con el título “El Nuevo Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo”. La lectura hoy este documento produce en quién lo estudia una mezcla de rubor e indignación. El rubor se presenta como expresión de la vergüenza que se siente al leer unas promesas y unas aseveraciones que nada tienen que ver con el resultado final de una actuación que ha privado a los españoles de un tesoro cultural irrepetible, alojado durante dos siglos en los restos del Real Palacio del Buen Retiro, situado en la zona más noble de la capital de la Nación.

El rubor es el mismo que sintió Azaña cuando le dijo a un diputado “ya que V.S. no se avergüenza de su conducta, permítame que lo haga yo por V.S.”.

La indignación nace de la sarta  de falsedades que se aprecian en el documento  al comparar, once años después,  los datos y promesas contenidas  en dicho folleto propagandístico y la tristísima realidad que hoy podemos constatar.

España ha perdido el mejor museo militar del mundo por las colecciones que contenía; la capital de la Nación con una gran población escolar correspondiente a una ciudad de tres millones de habitantes, jamás volverá a contemplar los testimonios más nobles de nuestra historia militar pues, en el mejor de los casos, aquellos jóvenes visitantes españoles de antaño serán sustituidos en Toledo por alguna turba de turistas extranjeros.

Las colecciones de artillería medieval, armas de fuego, armas blancas y armaduras de combate, patrimonio del suprimido Museo, jamás se verán en su conjunto, dispersadas sus piezas y situadas algunas de ellas en lo que llaman en reciente publicación oficial, con ridícula prosopopeya y desconocimiento del idioma, “almacenes susceptibles de ser visitados”.

Causa grima y pena la lectura de las órdenes ministeriales que aparecen en el B.O.E dando una aparente legalidad a la disgregación de las piezas del Museo y su entrega, aunque se dice que temporal, a algunas instituciones y organismos que nada tienen que ver ni con el Ejército, ni con su Historia, además de estar desperdigadas por todo el territorio nacional;  algunos de ellos gestionados con escaso amor a España, a sus Ejércitos y a su Historia.

Para deshacer el Museo del Ejército y llevar  parte de él a Toledo no ha sido necesaria ni siquiera una Orden Ministerial, pero si existe esta necesidad para desparramar por toda España  las piezas del Museo. La contradicción es palpable.:  ésta es la lógica que se ha seguido y la forma de  respetar las leyes que tratan de proteger nuestro patrimonio histórico y cultural.

Un detalle más. Según el citado folleto uno de los argumentos decisivos para adosar un lamentable edificio al Alcázar de Toledo era el aumento de espacio disponible que se lograría en relación con el existente en el Real Palacio del Buen Retiro. Se decía que  las salas de exposición permanente  pasarían desde los 3.560 metros cuadrados de Madrid a los 8.000 que iban a lograrse en el Alcázar. Sin embargo, ahora resulta que según datos oficiosos, en Toledo la exposición permanente va a contar con poco más de 4.500 piezas frente a las 17.000 que se  exponían en Madrid.

La falsedad es evidente aunque puede reconocerse que los espacios que llaman de “atención al público“, oficinas y almacenes han sufrido un aumento, al menos teórico; ahora bien, sin salir de Madrid si hubiese podido dotar al Museo de todos los almacenes, talleres de restauración y demás instalaciones necesarias fuera de la parte conservada, hoy abandonada, del Real Palacio del Buen Retiro en el centro de la noble zona museística de Madrid.

Este edificio debe su supervivencia al esfuerzo realizado en el siglo XIX por el Real Cuerpo de Artillería para conservar y ampliar el que fuera su  Museo. ¡Como cambian los tiempos!

En cuanto a la exposición permanente del Museo, el citado folleto, o mas bien folletón,  daba como fondos propios del museo del ejército 27.346 piezas de las cuales más de 17.000 estaban expuestas al público en Madrid y unas 6.000 lo estaban ya en la llamada Comisión Delegada en Toledo. Es decir que podían se visitadas por el público unas 23.000.

Según datos oficiosos, pues el mutismo oficial no ha facilitado hasta el momento los datos definitivos, la nueva exposición permanente de Toledo, supondrá, como mucho, unas  2.500 piezas.  Compárese esta cifra con las 23.00o anteriores y se verá a donde ha ido a parar el argumento de que en Toledo se iba a ganar mucho espacio. El público dejará de poder contemplar unas 21.000 piezas. Para este viaje no se necesitaban tantas alforjas

Se dice que la falta de la mayor parte de ellas va ser sustituida por paneles indicativos, que nos expliquen con las técnicas actuales todo lo que debemos saber sobre la historia y evolución de nuestros Ejércitos. Aunque eso pueda ser cierto, olvidan estos renacidos tecnócratas que un Museo de Historia Militar tiene no solo una función didáctica sino, sobre todo, una misión educativa que emocione y mueva el sentimiento de amor a España y la gratitud de los jóvenes ciudadanos hacia quienes se sacrificaron por su Patria en la victoria y en las derrotas. Eso no se consigue con paneles.

Para aumentar la gravedad de este desguace añadamos sólo que en el tan repetido folleto figura como presupuesto de la obra y del Plan Museográfico 4.500 millones de pesetas, sin contar los gastos del traslado de piezas de Madrid a Toledo. A pesar del secretismo  oficial no es aventurado señalar que se han  invertido  más de 150 millones de euros, cifra enormemente superior.  Una  falacia más que   añadir   a las innumerables que contiene el citado folleto, avalado por  dos    ministros y por quienes les siguieron y actuaron según sus indicaciones  sin objeción alguna.

Sinceramente deseamos que sus nombres no pasen a la historia pues supondrían  un gran contraste con los de quienes, con gran e inteligente esfuerzo, dotaron a España durante los siglos XVIII, XIX y XX. del mejor Museo Militar de Europa, hoy desguazado y disperso.

Armando Marchante Gil

Vicepresidente de la Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid