Espadas de Leyenda

La espada ha sido la representación del caballero, del noble, del Rey. Espadas  pertenecientes a personajes históricos han llegado hasta nosotros, algunas, muy pocas, físicamente, de otras solo conocemos  que han existido por las crónicas que de una forma verbal o escrita a través de los años han llegado hasta nosotros. Algunas fueron reales, otras solo leyenda al igual que el personaje atribuido. Demos un breve repaso por la Historia y Leyenda de estas “Joyas” del pasado.

Los “Cantares de Gesta”, que los trovadores esparcían por pueblos y ciudades, exaltando las proezas de sus héroes contemporáneos han sido una fuente de información sobre las espadas de estos. El mas antiguo de ellos, el “Cantar de Roldán”,  que data de finales del siglo XI, nos narra la derrota del Emperador franco Carlomago en la comarca navarra de Roncesvalles, hecho que ocurrió el 25 de agosto del año 778. En ella perecieron los mejores caballeros de Francia, los doce pares y el sobrino del Emperador Roldán, el cual pasó a la leyenda junto con su espada. Esta fue conquistada al Rey Aumot, y a la que Roldán nombró Durandal o Durandarte, y que según la leyenda podía herir hasta la roca sin romperse. Cuando Roldán se siente herido de muerte, y para evitar que su espada caiga en manos de sus enemigos, intenta romperla sin conseguirlo golpeándola contra la roca, y así se recupera su cadáver junto a su amada espada.

El propio emperador Carlomagno tiene su espada, a la que bautizó con el nombre de Joyosa que recibió de manos de su padre Pepino el Breve, que a su vez la obtuvo de manos del guerrero Carlos Martel y que este había conquistado al Emir cordobés Abderramán Al-Gafeki en la batalla de Poitiers en el 723. De esta espada se decía que cambiaba de reflejos hasta treinta veces al día. Muy posiblemente esto fuera debido al aspecto de las caras de su hoja, forjada en acero de Damasco, cuya superficie debido a la técnica empleada en esta forja, adquiere dibujos (barbas chinas) que según reciban la luz adquieren diversas tonalidades.

Don Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid”, personaje representativo de nuestra historia en la lucha contra el invasor musulmán, ampliamente conocido, hizo famosas dos espadas que poseía Colada y Tizona, pero de las dos sea probablemente mas famosa la segunda. Cuenta la historia que amenazado el reino de Valencia por las tropas cristianas, su Rey demanda ayuda a sus paisanos del norte de Marruecos, entre ellos acude el Rey Bucar. Aquí la historia nos da dos versiones. Una que dice que el Rey Bucar trae consigo una espada, y otra que en agradecimiento por su ayuda el Rey de Valencia le regala una espada. Sea como fuera estas espadas recibían el nombre de “Tizón”, que tiene su origen en los destellos que lanzaban sus hojas, pulidas a espejo, cuando una vez desenvainadas los rayos de sol incidían en sus superficies. “Y relucen como un tizón”, sabemos que un tizón es un ascua incandescente y como tal parecía al verse desde lejos. Posteriormente al ser espada del género femenino se cambió su nombre por el de Tizona.

Siguiendo la historia de esta famosa espada, sabemos que El Cid se la regala a su sobrino Pedro Bermúdez. En 1503 la Reina Isabel la Católica encarga a Gonzalo de Bricio que realice un inventario de las armas que se hallan depositadas en el Alcázar de Segovia, entre las que se describe una como La Tizona. Fray Prudencio de Sandoval en su crónica de los Reyes de Castilla y León ( 1560-1621 ), menciona la Tizona como perteneciente al mayorazgo de los marqueses de Falces, y que fue cedida a estos por el Rey Fernando como premio a sus servicios, condicionada para que se trasladase a palacio para que sobre ella jurasen los Reyes de España y así lo harán igualmente los Falces en la transmisión del marquesado. Permanece con los marqueses hasta que en 1936 sufre un expolio el palacio de estos y desaparece la espada junto con los documentos de otorgación y legitimación . Reaparece en 1939 en el castillo de Figueras, pero no la documentación. Permaneció expuesta en el Museo del Ejército de Madrid hasta el año 2007 en que adquirida por la Junta de Castilla y León pasó a la ciudad de Burgos.

El Rey Fernando III (1199-1252) “EL Santo”, nos legó una de sus mas famosas armas, la espada llamada “Lobera”. El origen de este nombre puede deberse según los estudiosos, a las siguientes razones. Que fuera una espada de caza, se supone que para matar lobos y otros animales, que fuese una espada de vestir juntamente con la prenda llamada “Loba”, especie de vestido talar, o simplemente por que fuera el nombre que le diera el Rey. La espada perteneció originalmente al conde Fernán González. La espada no pasó al heredero, futuro Alfonso X si no que en su lecho de muerte el Rey Fernando se la donó a su hijo menor el infante Don Manuel cediéndosela con las siguientes palabras: “Non vos puedo dar heredad ninguna, mas dovos la mi espada Lobera, que es cosa de muy grand virtud et con que me fizo Dios a mi mucho bien”.


La espada se conserva en la Catedral de Sevilla de donde cada año es sacada en procesión para conmemorar la reconquista de la ciudad en 1248 por el Rey San Fernando. La porta el alcalde de la ciudad, empuñándola por la punta, pues solo el Rey puede hacerlo por la empuñadura.

Redacción de la Asociación

Recuerdos del Museo: folleto informativo

Un amigo nos ha enviado a nuestra dirección de correo electrónico expolio.museo.ejercito@gmail.com las imágenes escaneadas del folleto que se entregaba en el Museo del Ejercito de Madrid cuando aún estaba abierto. Os las dejo a continuación para que las disfrutéis.

Aprovecho para recordaros que si tenéis otros recuerdos que queráis que publiquemos, no dudeis en enviarnoslos.

Un Museo Militar entra en combate

En la Historia Universal hay cosas y hechos que al cabo de los siglos siguen suscitando la admiración y el interés del estudioso y del sencillo hombre de la calle.

Entre estos hechos admirables hay en nuestra Patria uno que llama poderosamente la atención: es la circunstancia plenamente documentada de que un Museo Militar entre en combate contra el invasor extranjero. Así ocurrió en la gloriosa jornada del 2 de mayo de 1808 cuando el Real Museo Militar, situado entonces en el Cuartel de Monteleón, unió sus pìezas de artillería y el armamento de que disponía para su estudio, al dispuesto por los capitanes de Artillería Daoíz y Velarde y el Teniente Ruiz con intención de dotar de armas al pueblo de Madrid que, ante la pasividad y incluso el apoyo de las autoridades militares de la época al invasor francés, luchaba heroicamente en las calles de la capital contra el poderoso Ejército napoleónico que, a traición, había invadido España.

Cañón que tomo parte en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón

Con ello, incumpliendo unas órdenes inicuas,  apoyaban a los paisanos levantados contra el invasor, combatiendo codo a codo con un pueblo que demostraba más patriotismo y más valor que sus cobardes dirigentes. 

De este modo, el personal de un Museo, que cumplia una función de enseñanza e investigación, en aquella mañana gloriosa y heroica se entregó con sus hombres y sus cañones a la defensa de España y su independencia. Los hombres perecieron, pero los cañones, hasta que una lamentabilísima decisión  los ha enviado a los almacenes y sótanos de Toledo, han permanecido en lo que era su Museo, como puede apreciarse en la fotografia adjunta. Triste suerte y graves responsabilidades.

El Museo del Ejército conservaba en sus vitrinas la Medalla de Oro de Madrid que un Ayuntamiento le concedió en memoria de aquella defensa de Madrid contra el invasor. El actual ha preferido perder el Museo sin un gesto en su defensa. Lo que va de ayer a hoy.

Armando Marchante Gil .